Juan Marotta, CEO de HSBC. Comercio exterior y crédito productivo: áreas clave para el 2022
Marotta cuenta cómo el banco pasó de tener el foco puesto en lo transaccional a concentrarse en dar a los clientes servicios con valor agregado. El comercio exterior y el crédito productivo son las áreas clave para el 2022.

9 May, 2022

Juan Marotta es CEO de HSBC para Argentina & Latinoamérica Sur y director regional de la Banca de Empresas para HSBC América Latina. En diálogo con NBS, el ejecutivo habló de los proyectos del banco y de su visión de la economía argentina y del sector financiero.

¿Cuál es la contribución que puede hacer el sector financiero para que Argentina se encamine a la estabilidad?

El sector financiero hizo una contribución grande en estos dos años de pandemia, donde hubo mucho apoyo a las empresas y a las pymes con grandes montos de dinero desembolsados para apoyar la continuidad económica en medio de un “parate” total.

El rol del sistema financiero es actuar como catalizador en inversiones del sector privado. Encontrar formas de facilitar no solo el acceso al crédito, sino también el manejo del efectivo, del cash management, y de la operatoria comercial de las empresas. El rol de un banco internacional como el nuestro es conectar a los clientes que tenemos en Argentina con oportunidades, ayudarlos a expandir sus fronteras, encontrar clientes y proveedores en el exterior. Esa conectividad que da el HSBC es muy valorada.

El acuerdo con el FMI despeja ciertas tensiones cambiarias, es un paso hacia adelante. Sin duda esto ayuda, pero no es el único paso que se necesita.

¿Es posible para una empresa argentina salir al mundo en un contexto en el que hay tantas restricciones y cepos?

Hay sectores que tienen cierto dinamismo, cuando uno mira la composición de las exportaciones de la Argentina se ha visto un crecimiento fuerte el año pasado. También hubo un crecimiento fuerte de las importaciones, pero hemos terminado con una balanza comercial superavitaria y es clave que esto se mantenga de forma estructural. Argentina genera hoy productos que el mundo demanda.

¿Cuáles son los segmentos de negocios en los que se concentra hoy el banco?

Nos concentramos en facilitarle a los clientes su dinamismo con el banco. Durante la pandemia se hicieron muchas inversiones para expandir el mundo digital. Un ejemplo es lo que ocurrió con los e-cheqs. Hoy el 60% de los volúmenes administrados a través de cheques pasan por e-cheqs. Y esta transformación se profundizó en solo 24 meses.

Otro punto central para nosotros es el mundo de las finanzas sostenibles. Buscamos dar apoyo a los clientes para transicionar a una economía de emisiones netas cero, y en ese contexto 120 millones de dólares fueron otorgados en financiamiento en los últimos dos años.

¿En Argentina hay demanda para estos créditos?

En Argentina hay demanda; es un país que tiene condiciones para generar proyectos sostenibles y el ámbito energético es uno de los sectores clave. En toda América Latina el año pasado generamos financiamiento verde y bonos verdes por 2.464 millones de dólares. Son números de peso para la región. También nosotros tenemos nuestras propias metas para llegar, como compañía, a emisiones netas cero.

¿A qué otros segmentos nuevos apunta el banco?

Lanzamos más servicios digitales. Hemos lanzado una tarjeta de crédito digital. Hoy un cliente puede acceder a una solicitud digital, tener la tarjeta en su celular en cuestión de minutos y empezar a utilizarla. Después le mandamos el plástico a su casa pero, mientras tanto, puede usar el servicio.

Hoy el banco se amolda a la necesidad de los clientes, que es menos transaccional y más demandante de productos de valor agregado. En base a ese cambio, estamos replanteando hasta el lugar físico de las oficinas. Hemos remodelado íntegramente nuestro edificio icónico en Florida y Perón, con un concepto flexible y sin oficinas. Demandó 19.5 millones de dólares de inversión y casi un año de trabajo. Hoy tenemos menos metros cuadrados pero son metros más eficientes. Hacia eso vamos, a un esquema híbrido. Hemos visto un aumento de la productividad permitiendo que los colaboradores trabajen desde sus casas.

Vemos un crecimiento sostenido en el comercio internacional, con flujos de expansión. Pero también vemos que la cadena de suministros está afectada.

¿Cuál es el futuro de las sucursales bancarias? ¿Qué ven de acá a cinco años?

Las sucursales son parte del proceso de transformación. Hace unos años la sucursal era un ámbito para hacer transacciones físicas. Hacer un depósito, retirar dinero, pagar una factura. Todas esas funciones hoy existen a través de un medio digital o electrónico.

Esa migración ya empezó antes de la pandemia y las sucursales se fueron transformando en sucursales de servicios con valor agregado, con menos cajas y más grandes en su espacio de atención, con una especie de living donde el ejecutivo se acerca al cliente con una tablet para ofrecer servicios o alternativas de inversión.

¿Cuáles son las alternativas de inversión que ofrece el banco en un contexto inflacionario en el que los pesos “queman”?

El sistema financiero en Argentina es muy transaccional, está poco desarrollado. Cuando uno mira indicadores que comparan el nivel de endeudamiento de las familias y el sector privado ante el PBI, estamos en un mínimo comparado con los países de la región. Esto ocurre por la falta de estabilidad y la volatilidad de nuestro ciclos económicos, de nuestra moneda, que no ha permitido que encontremos los argentinos formas de ahorro en moneda local que mantengan valor en el tiempo. Entonces caemos en un sistema muy simple, donde los clientes tienden a mantener su dinero en cuentas con saldo a la vista, o en inversiones a plazo cuando las tasas de interés son relevantes. Y también tenemos productos más sofisticados, como fondos comunes de inversión. Depende mucho del perfil del inversor. El mercado financiero en Argentina tiene muchas oportunidades por delante.

En cuánto al crédito al sector productivo, ¿cómo puede volverse atractivo este segmento para los bancos en un país en el que el Estado se transforma en el principal demandante de préstamos en el sector financiero?

Hasta hace pocos meses veíamos una demanda muy tenue de parte del sector privado, por la pandemia y la caída de la actividad. Sin embargo, con la recuperación de la economía del año pasado y un crecimiento del producto cercano al 10%, empezamos a ver una recuperación tenue del crédito de los individuos, las familias y las pequeñas y medianas empresas. Vemos para este año una recuperación de la economía cercana al 4%. Vemos que se va a mantener el superávit de la balanza comercial, con dinamismo del sector externo, tanto de la exportaciones como de las importaciones. El acuerdo con el FMI despeja ciertas tensiones cambiarias, es un paso hacia adelante. Sin duda esto ayuda, pero no es el único paso que se necesita.

El acuerdo con el FMI también supone que debería haber tasas de interés positivas con respecto a la inflación. ¿Si suben las tasas se corre el riesgo de abortar esta recuperación tenue del crédito?

Es muy difícil hablar de uno de los precios relativos de la economía que es la tasa de interés, porque la economía se mueve en su conjunto. Hoy hay una distorsión de precios relativos grande. Hemos visto un cambio del Banco Central en su política monetaria, lo mismo que está ocurriendo en otros países e, incluso, con la Reserva Federal. Es una tendencia clara que finaliza esta situación global de tasas de interés muy bajas.

En Argentina, el Central y tras un año y dos meses de mantener una tasa de interés sin variaciones, aplicó tres subas consecutivas de la tasa y esto es un cambio de tendencia, claramente. Si alcanza con esto para que las tasas sean positivas, va a depender mucho de la evolución de la inflación que, como hemos visto en los últimos dos meses, ha tenido una volatilidad muy marcada. Vamos a seguir esto muy de cerca.

Nuestra economía demanda más dólares de los que genera, por eso el superávit comercial es tan importante.

En un contexto inflacionario, ¿qué tan importante es el consumo privado dentro del esquema de negocios de la banca Argentina?

Sin duda el ahorro y el consumo son dos variables centrales para el país, para el producto bruto interno y para los bancos. No vemos grandes cambios en los lineamientos de consumo en esta primera parte del año, los indicadores de consumo en ciertos sectores han sido positivos durante los meses de enero y febrero, más que nada relacionados al turismo, con una recuperación muy marcada. Y esto lo observamos a través del consumo con tarjetas de crédito. Los niveles de consumo que miramos son alentadores.

¿Qué expectativas tienen respecto al desempeño del segmento del comercio exterior?

HSBC es el banco de comercio internacional más grande del mundo. Vemos un crecimiento sostenido en el comercio internacional, con flujos de expansión. Pero también vemos que la cadena de suministros está afectada. Esto ocurre porque la demanda empezó a traccionar tras la pandemia y la oferta no pudo reaccionar, hubo un cuello de botella en el transporte marítimo y eso se mantiene. El conflicto en Europa genera más desafíos en ese aspecto.

En cuanto a Argentina en particular, estamos esperando un superávit comercial cercano a los 15.000 millones de dólares este año, y ese era uno de los pilares fundamentales para proyectar una economía más sostenible. Sostener el superávit comercial e ir reduciendo el déficit fiscal son dos pilares que, independientemente de quien gobierne, se deberían mantener con la única finalidad de generar ciertas “autopistas comunes” en la elaboración de los modelos macroeconómicos. Nuestra economía demanda más dólares de los que genera, por eso el superávit comercial es tan importante.

¿Cuáles son los riesgos económicos que más le preocupan?

La distorsión de los precios internos. Hay que ir ajustando precios que, por distintos motivos, han quedado fuera de sus niveles de equilibrio: subsidios a la energía, precios internacionales de productos que Argentina produce como alimentos, gas y combustibles. Es importante ver cuál es el impacto interno que esa distorsión de precios genera.

La distorsión de la inflación es otro de los desafíos de este año. Es un tema que ha sido difícil de controlar y, este año en particular, hay un condimento externo, que es el incremento generalizado de los commodities.

¿Cómo es la convivencia de la banca tradicional con las fintech? ¿Hasta dónde se potencian y hasta dónde se “canibalizan”?

Los bancos han podido reaccionar rápido a las formas que las nuevas tecnologías les han dado a ciertos productos o servicios. Entre todos nos tenemos que complementar. Nosotros tenemos la capacidad de llegar a muchos clientes con ciertas regulaciones que generan solidez de capital y de liquidez, y que generan confianza. Hay que obtener lo mejor de los dos mundos y ese es el camino en el que HSBC se ha desarrollado.

¿En qué otros desarrollos vinculados a la comunidad trabajan?

Un proyecto que es muy relevante para nosotros es Mujeres al mundo. Con esto buscamos potenciar la participación en los negocios para que cada vez haya más mujeres líderes. Es un nicho que no estaba bien identificado y que claramente tiene que seguir creciendo. En 2019 el banco fue armando foros de mujeres líderes en negocios para armar una red de contactos e identificar áreas de necesidad. Fuimos ampliando nuestra red de socios. Incorporamos a UCEMA, a Endevor, a Mercer, a Fundación Avon, a Vital Voices y con más manos pudimos lograr una red de más de 4.000 mujeres líderes en los negocios. Hemos brindado capacitación para que puedan dar sus próximos pasos. Hemos dado más de 14.000 millones de pesos en financiación a empresas lideradas por mujeres para que desarrollen aún más sus negocios en el país y en el mundo. Esto no está relacionado directamente con la tecnología, pero es una innovación. Para nosotros la diversidad es uno de los pilares estratégicos.

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