Financiamiento climático: definición y alcances

Capítulo 3

Carlos Sanchez

Carlos es Economista por la Universidad Nacional Autónoma de México y ha llevado a cabo la coordinación de múltiples transacciones de créditos de carbono en mercados voluntarios y regulados de Latinoamérica, diseñando portafolios de compensación de emisiones con base en las necesidades de empresas de diversos sectores y liderado la revisión de nuevos proyectos de carbono en el sector energético y agroforestal para MÉXICO2, una división de la Bolsa Mexicana de Valores. Por otro lado, ha colaborado en consultorías al sector público y privado sobre finanzas sostenibles para la banca de desarrollo, fondos de inversión y empresas de la construcción en México y Perú, ha participado en el desarrollo de instrumentos de precio al carbono para diversos estados de México, mecanismos de compensación de emisiones, generación de planes de negocios para plataformas de compensación de emisiones e investigaciones sobre el estado de los mercados voluntarios de carbono en el país. Ha sido expositor en múltiples espacios a nivel nacional e internacional como en la 14th y15th Asia Pacific Carbon Markets Roundtable en Tailandia y Malasia respectivamente, el Foro de Inversión Climática de la ONU en Guatemala, el Foro Regional de la Conservación de la UICN en México, entre otros. Anteriormente, ha participado en la evaluación y procesos de financiamiento para proyectos de infraestructura, en diversas negociaciones con desarrolladores e inversionistas locales e internacionales además de generar análisis de políticas públicas en el Senado de la República en México.

AUSPICIANTES

Antecedentes de los instrumentos de financiamiento sostenible

Como se ha revisado en capítulos anteriores, existe una gran urgencia por actuar frente al cambio climático debido a la velocidad con la que sucede, al tiempo que exige movernos rápidamente con proyectos ambiciosos, a gran escala y ejecutados en el menor tiempo posible.

No obstante, todo proyecto necesita recursos para ejecutarse, ya sean energéticos, humanos o financieros, y estos, a su vez, necesitan un incentivo que logre su movilización.

Lamentablemente, durante los últimos años, encontrar esos incentivos en el financiamiento climático ha sido uno de los principales retos, ya sea por la dificultad de visualizar atractivos retornos o la incapacidad de identificar los riesgos asociados a no actuar.

Ante esto, surgen los instrumentos de financiamiento sostenible, que son aquellos mecanismos que buscarán alinear incentivos para la movilización de capitales hacia todos aquellos proyectos que necesitamos para combatir al cambio climático o prevenirnos de él. Sin embargo, su desarrollo ha sido parte de un largo proceso de mejora en la conciencia de los inversionistas y su creatividad. Su historia se remonta hasta la década de los 70 con los movimientos en Estados Unidos que buscaban la inversión socialmente responsable,[1] así como los movimientos que buscaban la desinversión para ejercer presión en las empresas sudafricanas que apoyaban el movimiento apartheid, mismo que impulsaba la segregación racial en dicho país.

Con el tiempo, las discusiones a nivel internacional comenzaron a poner sobre la mesa la necesidad de actuar frente al cambio climático. En ese contexto, la Cumbre de Rio de Janeiro de 1992 marcó el inicio del impulso al financiamiento de acciones ambientales a gran escala, que luego dio lugar a la Convención Marco de las Naciones Unidas por el Cambio Climático (CMNUCC). Esta última, en su edición de 1997, propuso uno de los mecanismos más innovadores del financiamiento climático, el Protocolo de Kioto, un acuerdo que tenía como objetivo principal impulsar la reducción de gases de efecto invernadero (GEI). Para esto, los países industrializados o desarrollados, estaban obligados a reducir sus emisiones en un 5% con respecto a 1990. Para lograrlo, se estableció el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), que permitía a países desarrollados financiar proyectos de reducción de emisiones en países en desarrollo y contabilizarlas como propias.

A pesar de que el MDL dio lugar a múltiples proyectos de reducción de emisiones en regiones de Latinoamérica, no logró el alcance deseado por múltiples motivos, como la falta de involucramiento de los principales emisores a nivel mundial, como Estados Unidos, China e India. Sin embargo, dio lugar a lo que en el futuro se conocería como mercados de carbono y sentó las bases del Acuerdo de París, un tratado con un enfoque universal que intentaría corregir los errores del Protocolo de Kioto, como la actualización continua de metas nacionales de reducción de emisiones más ambiciosas.

Durante los próximos años, a la par del financiamiento de proyectos de reducción de emisiones bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio, se harían más populares las inversiones de impacto y el surgimiento de fondos multilaterales para el financiamiento de la acción climática, como el Fondo Mundial para el Medio Ambiente Mundial (GEF). Sin embargo, no fue hasta el año 2007 cuando vimos el primer bono temático de la historia, un bono verde emitido por el Banco Europeo de Inversiones que tenía el objetivo de financiar proyectos relacionados con energías limpias. Este fue un punto de inflexión en los objetos de financiamiento tradicionales, porque sembró la idea de que la deuda también podría ser usada específicamente para el financiamiento de proyectos sostenibles y abrió la puerta a otro tipo de bonos, que serán explicados a continuación.

Bonos temáticos

Tradicionalmente, existen diferentes formas de financiamiento cuando hablamos de un proyecto de inversión, pero capital y deuda son las principales.

Cuando hablamos de capital, nos referimos a la aportación de recursos propios o emisión de acciones para la realización de un proyecto, en donde los rendimientos dependen de múltiples factores, por lo tanto, estos suelen ser variables. Sin embargo, en la práctica, la mayoría de los proyectos son financiados a través de deuda. En otras palabras, se pide dinero prestado para la realización de un proyecto a cambio del pago de una tasa de interés.

Un bono, también denominado instrumento de renta fija, es una herramienta financiera que permite la captación de fondos con un propósito específico bajo el compromiso de su devolución en un plazo determinado y, en la mayoría de los casos, estructurado como una forma de deuda. Estas características hacen que los bonos resulten especialmente atractivos para financiar actividades que suelen ser complejas o poco conocidas por los inversionistas, como los proyectos que buscan combatir al cambio climático. En este contexto surgen los bonos temáticos, diseñados con distintos objetivos, por ejemplo, los bonos verdes, los cuales deben cumplir con cuatro componentes fundamentales:[2]

  • Destinar los fondos exclusivamente a proyectos elegibles.
  • Someter los proyectos a un proceso de evaluación y selección.
  • Garantizar una adecuada gestión de los fondos.
  • Presentar informes periódicos sobre la utilización de los recursos.

Además de los bonos verdes, existen otras categorías de bonos temáticos, como los bonos sociales, los bonos sostenibles, los bonos vinculados a la sostenibilidad y los bonos azules, entre otros, que serán descritos a continuación.

Bonos verdes

Como su nombre lo dice, son aquellos que financian proyectos ambientales o verdes, como energías renovables, eficiencia energética, control de la contaminación, transporte limpio, adaptación al cambio climático, edificios verdes, entre otros.

Cabe resaltar que la definición de verde suele ser muy amplia y sujeta a diferentes interpretaciones, por lo que se sugiere siempre basarse en las actividades elegibles mencionadas por la International Capital Market Association y las taxonomías de finanzas sostenibles propias de cada región o país, las cuales definirán las actividades que pueden ser consideradas verdes o no.

Bonos sociales

Estos instrumentos buscan financiar actividades o proyectos sociales que logren impactos sociales positivos. Algunos ejemplos son aquellos que buscan mejorar servicios esenciales, como salud, educación, vivienda, entre otros.

Estos instrumentos han tenido una evolución constante de acuerdo con las problemáticas sociales de la era, como es el primer bono social con perspectiva de género emitido en 2020 por los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) de México.

Bonos sostenibles

Muchas veces se buscan proyectos que puedan tener un doble impacto, con el fin de ser más atractivos para los inversionistas, como los bonos sostenibles, los cuales son una intersección entre los bonos sociales y los bonos verdes, que buscan atacar la desigualdad a través de proyectos verdes.

Algunos ejemplos de actividades es la recuperación de infraestructura básica después de desastres naturales, mejoras en la movilidad a través de transporte sustentable o el acceso a energías renovables.

Bonos vinculados a la sostenibilidad

Hasta ahora hemos hablado de los mercados financieros como un mecanismo para movilizar recursos hacia un fin específico. Sin embargo, estos también pueden fungir un rol de generadores de incentivos para la acción climática y un claro ejemplo de ello es el surgimiento de los bonos vinculados a la sostenibilidad, lo cuales son cualquier tipo de bono cuyas características financieras o estructurales puedan variar dependiendo de si el emisor alcanza, o no, ciertos objetivos predefinidos de sostenibilidad o ASG. De esta forma, estos instrumentos incentivan la consecución de dichos objetivos mediante el seguimiento de indicadores clave de desempeño (key performance indicators, o KPI) y metas de desempeño en sostenibilidad (sustainability performance targets, o SPT).

Algunos ejemplos de ellos son proyectos que buscan reducir la huella energética, hídrica o de carbono.

Bonos azules

Recordemos que una de las principales características de los bonos temáticos es el uso de recursos para un fin en particular, por lo tanto, una mayor especificidad siempre será mejor. Ante esto, surgen los bonos azules, los cuales buscan destinar recursos al desarrollo de actividades o proyectos con impactos en los ecosistemas marinos y de agua dulce, por ejemplo, el desarrollo de infraestructura para el tratamiento y la gestión hídrica con el fin de evitar la contaminación de cuerpos de agua.

¿Cómo se emite un bono temático?

  • Una vez seleccionado el tipo de bono que se desea emitir, el siguiente paso será revisar que esté alineado a principios internacionales, como los Principios de bonos verdes, sociales y sostenibles de la International Capital Market Association (ICMA) o el Climate Bonds Standard (CBS) de Climate Bonds Initiative (CBI).
  • Una vez que las actividades o proyectos a financiar se encuentran alineados a un marco internacional, debemos proceder a la estructuración y definición de los términos del bono, como su plazo, tasa de interés, características del bono, lugar y momento de colocación, entre otros. Para ello, existen instituciones especializadas en este paso, como casas de bolsa, bancos nacionales, bancos de desarrollo, entre otros.
  • El éxito de una emisión de bonos depende de sus características, así como de la calificación que este tenga en el mercado. Por lo tanto, el siguiente paso es la evaluación o certificación del instrumento ante organismos autorizados, como Climate Bonds Initiative, Moody’s, S&P, Fitch Ratings, Sustainalytics o cualquier otra institución elegible.
  • Posteriormente se deberá presentar la solicitud de emisión ante las autoridades regulatorias del ecosistema financiero, así como de la bolsa de valores en donde se realizará la emisión.
  • Una vez aprobados los pasos anteriores, se deberá anunciar la oferta pública para que diferentes instituciones puedan adquirir el bono y, de esa forma, financiar la actividad o proyecto en cuestión.

A pesar de haber colocado un bono de forma exitosa, es importante considerar que el trabajo no termina ahí, ya que será necesario dar seguimiento y presentar informes del bono a los inversionistas.

Los bonos temáticos son uno de los instrumentos altamente eficaces para impulsar la acción climática, y manejan volúmenes colectivos de recaudación en Latinoamérica por más de USD 863.500 millones a 2022.[3] Sin embargo, son instrumentos en donde sus actores son, principalmente, de carácter institucional.

Existen otro tipo de instrumentos financieros sostenibles, enfocados en inversionistas diferentes como los préstamos sostenibles.

Préstamos verdes

También conocidos como green loans, son un instrumento que, a diferencia de los bonos temáticos, su público objetivo no son los inversores institucionales, sino que establecen una relación directa entre prestatarios y prestamistas, y son ampliamente ofrecidos por la banca comercial. Estos pueden definirse como cualquier tipo de préstamo cuyos fondos se usen exclusivamente para financiar o refinanciar proyectos verdes elegibles[4] siempre y cuando cumplan con los cuatro criterios básicos de los Green Loan Principales.

  • Destinar los fondos exclusivamente a proyectos elegibles.
  • Someter los proyectos a un proceso de evaluación y selección.
  • Garantizar una adecuada gestión de los fondos.
  • Presentar informes periódicos sobre la utilización de los recursos.

A pesar de parecer ser muy similares a los bonos, es importante resaltar que estos son un instrumento de crédito y no un valor de deuda, por eso son más flexibles en sus modalidades y tienen un tamaño de financiamiento más limitado. Sin embargo, su diferencia puede quedar más clara al revisar algunos ejemplos.

Ecocréditos empresariales: estos instrumentos se utilizaron en México y tuvieron como objetivo ofrecer financiamiento a las pequeñas y medianas empresas para reemplazar o adquirir equipos eléctricos más eficientes en el consumo energéticos. Tras financiar 4.522 proyectos hasta 2022, el programa reportó un ahorro de 1,9 millones de dólares y se evitó la emisión de 5.400 toneladas de CO2 a la atmósfera.[5]

Hipotecas verdes: estos préstamos buscan reconocer a los clientes que adquieren viviendas con características sostenibles, como la eficiencia energética, diseño sostenible, uso del agua, entre otros, y los premia con tasas de interés preferenciales en sus créditos hipotecarios.[6]

Crédito verde automotriz: premian a aquellos clientes que buscan adquirir algún vehículo híbrido o eléctrico al permitirles acceder a tasas preferenciales en comparación con los créditos tradicionales.

Otros instrumentos: los seguros

Hasta ahora, hemos hablado de los diferentes instrumentos que existen para financiar e impulsar la acción climática. Sin embargo, también existen instrumentos que nos ayudan a protegernos de los riesgos asociados al cambio climático y estos son los seguros.

A continuación, hablaremos de algunos de los múltiples esquemas de seguros disponibles en el mercado, iremos desde los esquemas más tradicionales hasta aquellos más innovadores.

Seguros de vivienda contra catástrofes: a pesar de ser un instrumento poco innovador, el motivo por el cual se ha decidido incluirlo en el presente capítulo ha sido para analizar su evolución en aquellos lugares más susceptibles a sufrir catástrofes climáticas, como Florida en los Estados Unidos.

De acuerdo con la Universidad de Florida, se espera un aumento en la intensidad y frecuencia con la que ocurren huracanes en dicho estado, así como una pérdida preocupante de línea costera ante el incremento en el nivel del mar, mismo que para 2050, se espera que pueda aumentar entre 40 y 58 cm en relación con el año 2000.[7]

Ante esto, se espera un fuerte incremento en las primas de seguros de vivienda, las cuales registran valores cercanos a los 5.315 dólares anuales contra 1.865 dólares registrados en otras regiones, debido al incremento de catástrofes que, tan solo en 2023, provocaron que el sector acumulara pérdidas de suscripción a seguros por 190,8 millones de dólares, y marcara su octavo año consecutivo en rojo.[8]

A pesar de que el sector de seguros puede presentarse como un importante aliado frente al cambio climático, este ha experimentado retos sumamente importantes como los descritos anteriormente. Sin embargo, también existen diferentes seguros enfocados a otros sectores, como el agropecuario, los cuales buscan proteger la producción ante riesgos climáticos.

Seguros paramétricos de cacao: son herramientas que ofrecen una cobertura ante cambios no previstos en el clima dentro del sector agropecuario. Este instrumento ofrece una indemnización a los productores de cacao cuando los valores de las lluvias estimadas satelitalmente estén por encima o por debajo de los valores establecidos en la póliza, y que podrían generar importantes pérdidas a los productores. 

Gracias a esto, el seguro genera una mayor estabilidad en los ingresos de los cacaocultores, ya que brindan tranquilidad a la hora de planificar su inversión productiva.

Seguro para créditos de carbono: la acción climática suele ser un terreno poco conocido en los mercados financieros. Sin embargo, con la finalidad de eliminar los potenciales riesgos en su participación, han surgido seguros especializados, dirigidos a la operación financiera dentro de mercados ambientales, como el de carbono.

Durante años, los mercados de carbono han buscado ponerles un precio a las emisiones, así como generar productos que ayuden a cumplir con las metas de reducción de emisiones de una forma más eficiente en costos, y uno de estos son los créditos de carbono, también conocidos como reducciones de emisiones certificadas.

A pesar de ser un mercado que se remonta hasta la época del Mecanismo de Desarrollo Limpio, ya descrito anteriormente, es un tema poco conocido en la actualidad. Este desconocimiento genera riesgos en la compra y venta de los créditos de carbono y deja altas probabilidades de fraude debido a que no es un mercado regulado con cámaras de compensación que puedan asumir los riesgos o entes reguladores que obliguen a cumplir los contratos. Esta situación puede generar una pérdida de la confianza en la acción climática a través de los mercados de carbono.

Ante esto, Howden, el grupo intermediario de seguros global, anunció el 21 de junio de 2024 la emisión del primer seguro W&I específico para créditos de carbono aplicado a la venta de estos créditos. El seguro protege contra riesgos como la doble venta de créditos (double counting) o fraudes en el nivel del proyecto, y garantiza a los compradores la integridad y rastreabilidad de los créditos adquiridos, en donde si el crédito resulta inválido, el seguro indemniza al comprador.

Este instrumento, a diferencia de los presentados anteriormente, impulsa el financiamiento climático a través de fortalecer la confianza en el mercado voluntario de créditos de carbono, al introducir un mecanismo de gobernanza respaldado por el mercado asegurador.[9]

Instrumentos alternativos de financiamiento sostenible

Hasta este punto, hemos hablado de instrumentos tradicionales de los mercados financieros, como los bonos, créditos y seguros, adaptados a las finanzas sostenibles. Sin embargo, como se mencionaba al inicio del presente capítulo, la acción climática y sus desafíos ambientales necesitan creatividad para el desarrollo de nuevos y novedosos instrumentos. A continuación, se hablará de algunos instrumentos alternativos del financiamiento sostenible.

Créditos de carbono: alcanzar las emisiones netas cero es una tarea prácticamente imposible en el corto plazo debido a la falta de desarrollo tecnológico para sustituir fuentes de emisión de gases de efecto invernadero, incapacidad financiera o humana para realizar los cambios, así como barreras en el acceso a tecnologías ya existentes. Ante esto, los mercados de carbono dan la oportunidad a todas las empresas de compensar sus emisiones residuales que hoy no pudieron evitar, a través de la compra de créditos de carbono.

Estos activos son generados por proyectos que reducen o evitan que se generen gases de efecto invernadero a la atmósfera como, por ejemplo, plantar árboles en un bosque o un proyecto de energía limpia, mismos que al certificar las reducciones generadas de forma adicional, por cada crédito de carbono se compensa una tonelada de CO2e generada.

A pesar de ser un mercado relativamente pequeño a nivel mundial (1.400 millones de dólares)[10] frente a otros como el mercado de deuda etiquetada en 2022 de (154.100 millones de dólares) tan solo en Latinoamérica, su importancia no reside en su tamaño o poder de movilización de capital, sino en su capacidad para otorgarle un valor a externalidades que el mercado tradicional no había podido hacer, como lo es con las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero.

Además de los créditos de carbono, existen otros activos parecidos como los créditos de biodiversidad.

Créditos de biodiversidad: son instrumentos diseñados para financiar acciones que generen resultados positivos y medibles para la biodiversidad. Estos se logran a través de la creación y venta de unidades de biodiversidad. Representan un tipo de «crédito de la naturaleza» donde el valor del crédito comercializado refleja el valor de los servicios ecosistémicos (aquellos que la naturaleza nos provee, como la captura de CO2, la infiltración de agua a las subcuencas, entre otros).

Un crédito de biodiversidad puede representar una unidad de área, como diez metros cuadrados (m²), o una mejora porcentual de un ecosistema que ha sido gestionado de manera efectiva en sus aspectos técnicos, jurídicos y financieros para lograr resultados cuantificables en biodiversidad.

A diferencia de los créditos de carbono, los cuales se utilizan para compensar impactos negativos en el medio ambiente, el propósito de los créditos de biodiversidad es contribuir a alcanzar metas de «naturaleza positiva» para personas y empresas. Estos resultados positivos pueden lograrse mediante actividades de restauración ecológica, que eviten la pérdida de biodiversidad, reduzcan amenazas específicas y mantengan el estado de conservación de un ecosistema.[13]

Créditos de plástico: son unidades transferibles que representan una cantidad específica de plástico recolectado o reciclado a través de proyectos certificados bajo estándares internacionales, como el Plastic Program de Verra. Estos créditos son emitidos de manera transparente, cada uno con un número de serie único para garantizar su trazabilidad y evitar el doble conteo. Además, toda la información sobre emisión, retiro y uso de los créditos se hace pública, lo que aporta confianza y claridad al mercado.[14]

Los proyectos que generan créditos de plástico deben demostrar que su impacto es adicional: es decir, que la recolección o el reciclaje realizado no habría ocurrido sin el apoyo económico derivado de la venta de créditos. De este modo, los créditos canalizan financiamiento hacia lugares donde más se necesita, especialmente en regiones con infraestructura insuficiente para gestionar residuos plásticos. El enfoque está en apoyar sistemas sostenibles de largo plazo, no limpiezas puntuales, y los proyectos suelen tener periodos de entre 7 y 21 años.

Los créditos de plástico no son una solución aislada ni sustituyen acciones de reducción. Por el contrario, deben ser una herramienta complementaria en donde se espera que empresas y organizaciones trabajen en reducir, rediseñar y reutilizar plásticos en sus operaciones.

Certificados de energía renovable (REC): los certificados internacionales de energía renovable (IREC) son instrumentos financieros que representan la generación de una cantidad específica de energía renovable, típicamente un megavatio hora (MWh). Estos certificados se utilizan para rastrear y documentar la producción y el consumo de energía limpia en diversas partes del mundo, sirven como una herramienta fundamental para fomentar el desarrollo de energías renovables y cumplir con los objetivos de sostenibilidad y reducción de emisiones. Para que puedan ser comercializados en el mercado de energía, cada IREC debe de estar certificado por el International REC Standard, poseer un número de identificación único y una serie de datos que respaldan el origen de la energía.

Los IREC se generan a partir de proyectos de energía renovable, como parques eólicos o plantas solares, que cumplen con criterios de elegibilidad establecidos por estándares internacionales que incluyen aspectos de sostenibilidad ambiental, social y económica. Una vez emitidos, estos certificados pueden ser adquiridos por empresas, gobiernos o individuos para demostrar su consumo de energía renovable y reducir su huella de carbono. Este sistema facilita la verificación y el rastreo transparente del origen de la energía, ofrece flexibilidad geográfica al permitir el consumo de energía renovable sin conexión física directa a la fuente, y proporciona un incentivo económico crucial para la inversión en nuevos proyectos de energía limpia.

Uso conjunto

Como se ha podido observar en el presente capítulo, existe una amplia gama de instrumentos de financiamiento sostenible que buscan impactar diversos aspectos de la acción climática, los cuales van desde la movilización de recursos y la cobertura de riesgos hasta otorgarle un valor a externalidades que tradicionalmente no tienen un valor monetarios pero sí ambiental. Sin embargo, aunque todos parezcan instrumentos ajenos entre sí, resulta sumamente interesante que estos pueden ser utilizados en conjunto, como se describirá a continuación.

Uso conjunto de Instrumentos de financiamiento climático: en 2024, el Banco Mundial lanzó un innovador proyecto que buscaba unir a un bono temático con créditos de plástico, su funcionamiento era sencillo pero novedoso. Se lanzó un bono vinculado a la reducción de residuos plásticos (Plastic Waste Reduction-Linked Bond) de siete años y 100 millones de dólares con resultados medibles a través de la generación de créditos de plástico, mismos que, a su vez, gracias a los ingresos generados con su venta, serían fuente de parte del retorno de los inversionistas.

Este bono tuvo como objetivo impactar a proyectos de reciclaje en Ghana e Indonesia y se introdujo así una nueva forma de financiar las operaciones de recolección y reciclaje de plástico.[15]

Como se ha podido observar en el presente capítulo, hoy en día existen múltiples instrumentos financieros que no solo buscan movilizar capitales a la acción climática, sino que también buscan crear incentivos para ello. De igual forma, hemos conocido novedosos instrumentos que le dan un valor a externalidades, como lo son las emisiones de gases de efecto invernadero o la biodiversidad. El uso de estos instrumentos debe darse con creatividad y ambición ya que el planeta Tierra necesita acciones a gran escala y desarrolladas en el menor tiempo posible.

 

BIBLIOGRAFÍA

[1] Krantz, T. (2024). Historia de los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). IBM. https://www.ibm.com/mx-es/think/topics/environmental-social-and-governance-history
[2] International Capital Market Association. (2025). Green Bond Principles: Voluntary process guidelines for issuing green bonds (June 2025 ed.). ICMA. https://www.icmagroup.org/sustainable-finance/the-principles-guidelines-and-handbooks/
[3] Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, & Bolsa de Valores de Colombia. (2021). Guía práctica de instrumentos financieros sostenibles. https://www.minambiente.gov.co
[4] Asia Pacific Loan Market Association (APLMA), Loan Market Association (LMA), & Loan Syndications and Trading Association (LSTA). (2025). Guidance on Green Loan Principles.
[5] Vidal, R. (2023). ¿Funciona el financiamiento verde para pymes? CAF. Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe. https://www.caf.com/es/blog/funciona-el-financiamiento-verde-a-pymes/
[6] BBVA. (2025). ¿Qué es y qué financia una hipoteca verde? Estas son sus características. BBVA. https://www.bbva.com/es/sostenibilidad/que-es-y-que-financia-una-hipoteca-verde-estas-son-sus-caracteristicas/
[7] Florida Climate Center. (2023). Climate change. Florida State University. https://climatecenter.fsu.edu/topics/climate-change
[8] Marsh McLennan Agency. (2025). What’s Next for Florida Insurance? Marsh McLennan Agency. https://www.marshmma.com/us/insights/details/understanding-the-florida-insurance-market.html
[9] Howden Group. (2024). Howden launches the first carbon credits warranty & indemnity insurance policy. Howden Group News & Insights.
[10] MSCI. (2025). Frozen carbon credit market may thaw as 2030 gets closer. MSCI Research & Insights Blog. https://www.msci.com/research-and-insights/blog-post/frozen-carbon-credit-market-may-thaw-as-2030-gets-closer
[11] Dagnino Contreras, V., Lerner, A., Ambrosano, J., Costa, D., Borges, S., & Isaza, D. (2023). LAC Sustainable Debt State of the Market 2022. Climate Bonds Initiative. https://www.climatebonds.net
[12]
[13] Ávila Campos, J., López, R., & Sarmiento, M. (2023). Mercado de créditos de biodiversidad voluntario colombiano y propuestas para su Desarrollo. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD en Colombia.
[14] Verra. (2023, 17 de abril). Five Things You Should Know About Plastic Credits.
[15] World Bank. (2024). World Bank’s New Outcome Bond Helps Communities Remove and Recycle Plastic Waste.

 

 

 

 

 

 

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