Sebastián Menescaldi: “La profundización financiera requiere consistencia y persistencia”
Sebastián Menescaldi, director de EcoGo, analiza el sistema financiero argentino, que enfrenta varios desafíos para incrementar el, ya de por sí, bajo ratio de préstamos sobre el PBI.

8 Jun, 2026

El sistema financiero argentino enfrenta varios desafíos, pero en este momento el mayor es cómo incrementar el, ya de por sí, bajo ratio de préstamos sobre el PBI, con bajas tasas y plazos largos, sin que se vuelva a disparar la mora. Sobre este tema y sus aristas opina Sebastián Menescaldi, director asociado de EcoGo.

—¿Se puede aumentar la oferta crediticia en este contexto?

—Hoy Argentina no tiene poco crédito solo porque los bancos presten poco o porque las familias y empresas demanden poco financiamiento. Tiene poco crédito porque, antes que crédito, le faltan moneda y ahorros que pueda canalizar. Y sin ambos es muy difícil construir contratos financieros largos, a tasas razonables y balances que puedan proyectarse más allá de la coyuntura.

—Siempre está el problema del largo plazo…

—El crédito es, en última instancia, una promesa de pago en el tiempo. Para que esa promesa sea creíble, el deudor necesita ingresos previsibles, el acreedor necesita una unidad de cuenta confiable y ambos necesitan cierta estabilidad de precios relativos. Cuando la moneda pierde sistemáticamente poder adquisitivo, cuando las tasas reales alternan entre períodos de licuación y períodos de fuerte restricción, y cuando el tipo de cambio opera como refugio permanente, el sistema financiero queda condenado a trabajar en plazos cortos, spreads altos y bajo apalancamiento.

—¿Entonces las entidades se adelantaron y prestaron en exceso?

—La profundización del crédito no puede pensarse como un atajo para reemplazar la falta de estabilidad. Al contrario: es una consecuencia de haber logrado cierta estabilidad. Primero se reconstruye la demanda de pesos, luego se alarga el horizonte de ahorro, después se consolida el fondeo y recién entonces aparece la posibilidad de prestar a plazos más largos y con menor riesgo. El crédito hipotecario, el prendario y el financiamiento productivo de largo plazo no nacen de una decisión administrativa, sino de una moneda que permite proyectar.

—¿Por qué otros países de la región no muestran estas inconsistencias?

—Los países con mayor crédito/PIB no necesariamente tienen sistemas bancarios más creativos, sino monedas más estables, inflación más baja y contratos financieros que sobrevivieron al paso del tiempo. La Argentina, en cambio, suele discutir cómo expandir el crédito antes de resolver plenamente la pregunta por la moneda. Y esa inversión de la secuencia limita el alcance de cualquier programa crediticio.

—¿Qué alternativas hay para el mercado local?

—Hay un viejo chiste sobre los jardines de Buckingham que sirve como metáfora. Una mujer de paseo por Londres con su marido ve el césped impecable del palacio y le pide que le pregunte a uno de los jardineros cuál es el secreto para mantenerlo tan verde. El jardinero responde sin misterio: “Regar y cortar el césped. Regar y cortar el césped. Y después de 400 años, se logran estos jardines”. Con el crédito pasa algo parecido. No hay una fórmula instantánea para construir profundidad financiera. Hace falta regar y cortar: bajar la inflación, retribuir los depósitos con tasas reales positivas, sostener reglas, evitar licuaciones recurrentes, cuidar la moneda, preservar el ahorro local, desarrollar instrumentos de largo plazo, reducir la volatilidad macro y repetir ese proceso durante muchos años.

—¿Es una cuestión de tiempo, de madurez monetaria y financiera?

—La moraleja no es que la Argentina deba esperar décadas para recuperar el crédito. El punto es otro: la profundización financiera requiere consistencia y persistencia. Se puede acelerar el proceso si la estabilización es creíble, si el ahorro en pesos se vuelve atractivo y si la política económica evita volver a usar la inflación o la devaluación como mecanismos de ajuste. Pero no se puede saltear la etapa de reconstrucción de la moneda. Justamente todo lo contrario a que el peso sea “excremento”.

—¿Y qué puede hacerse para evitar la morosidad?

—En ese sentido, la discusión sobre la morosidad también debe leerse desde esta perspectiva. Cuando no hay moneda fuerte, el crédito tiende a crecer de manera defensiva: se usa para cubrir baches de ingreso, financiar consumo corriente o adelantar decisiones ante la expectativa de suba de precios. Sólo existe crédito para el corto plazo. En una economía estabilizada, en cambio, el crédito puede cumplir una función distinta: permite suavizar consumo, financiar inversión, comprar vivienda, renovar capital y ampliar capacidad productiva. La diferencia entre ambos mundos no es sólo financiera; es macroeconómica.

—Antes que la estrategia de los bancos, está la política del gobierno…

—Por eso, el desafío de reactivar el crédito sin disparar la morosidad empieza bastante antes del scoring bancario. Empieza por reconstruir la moneda como unidad de cuenta, reserva de valor y medio de pago confiable. Sin eso, el crédito puede rebotar. Pero para que se transforme en un ciclo sostenible, primero hay que volver a darle al peso una función que la economía argentina fue perdiendo: servir como base de contratos largos.