Ana Elisa de Iparraguirre: “Argentina no tiene un problema de talento, tiene un problema de contexto”
Ana Elisa de Iparraguirre, cofundadora de OwnIt Legal

22 Jul, 2026
El talento digital argentino tiene un ADN difícil de encontrar, un hándicap que le valió al sector de la economía del conocimiento un crecimiento exponencial. “En tecnología, en fintech, en servicios profesionales, el argentino tiene una capacidad muy fuerte para resolver problemas complejos, y eso tiene que ver con cómo nos formarnos, con nuestra forma de trabajar. Somos profesionales acostumbrados a moverse en contextos cambiantes y a encontrar soluciones incluso cuando el entorno no acompaña”, valoró Ana Elisa de Iparraguirre, cofundadora de OwnIt Legal, una startup argentina especializada en arquitectura legal para la industria cripto y la tolkenización.
«El desafío es que el talento por sí solo no alcanza. Durante muchos años, la
demanda internacional fue una oportunidad pero también una tensión para el
ecosistema local, porque a muchos profesionales les convenía facturar directamente al exterior. Con cierta normalización cambiaria esa ecuación comenzó a cambiar, pero siguen pendientes otras cuestiones, como los costos, la presión fiscal y la estabilidad de las reglas», señaló.
Desde una mirada legal y de negocios, ese es el punto central. «Argentina no tiene un problema de talento, tiene un problema de contexto. Para que la economía del conocimiento crezca de manera sostenida, invertir, contratar, exportar y girar utilidades tiene que ser razonablemente previsible. La seguridad jurídica no es un accesorio, es una condición básica, es lo que determinará el salto pendiente de pasar de ser un país con talento a ser un país donde también convenga quedarse e invertir».
–¿Es un talento de exportación?
–Más de la mitad de nuestras exportaciones de servicios son hoy economía del
conocimiento. Lo que el mundo valora del profesional argentino es, sobre todo, la capacidad de resolución. Durante mucho tiempo tuvimos, además, una relación muy atractiva entre calidad y costo. Hoy esa ventaja está más tensionada porque el país se volvió más caro. Ya no alcanza con “somos buenos y baratos”, y honestamente tampoco creo que sea deseable competir solo por precio. Ahí aparece una competencia global fuerte, con países de mayor escala y estructuras de costos más livianas. El desafío es no quedar
atrapados vendiendo horas. Si competimos solo por horas profesionales, competimos contra todo el mundo. La oportunidad está en pasar de vender horas a vender soluciones, de profesionales aislados a empresas. La inteligencia artificial puede acelerar ese cambio, porque hoy equipos chicos acceden a herramientas que antes eran de uso exclusivo de compañías grandes. La
demanda, de hecho, no parece ser el problema. Seis de cada diez empresas del sector buscan ampliar sus equipos y no consiguen los perfiles que necesitan. El problema es formar más talento, retenerlo, y convertirlo en empresas capaces de crecer.
Si bien la ejecutiva no cree que se haya llegado a un techo apunta que el crecimiento de los próximos años no va a ser igual al de los anteriores. «Buena parte de nuestra economía del conocimiento creció exportando horas de talento profesional, y ese modelo comienza a mostrar sus límites. En fintech puntualmente están llegando jugadores internacionales con más capital y más escala, así que la pregunta ya no es solo cuántos profesionales tenemos, sino qué tipo de empresas somos capaces de construir. Ahí la inteligencia artificial pone en jaque, en parte, ese modelo de exportar conocimiento, y hoy no hay un panorama del todo claro sobre qué va a pasar. Si el desarrollo de software asistido por IA se termina consolidando, si ese costo se transparenta y si además resulta más barato que contratar talento remoto en países como Argentina o India, la estructura que hoy sostiene buena parte de nuestras
exportaciones va a sufrir. Hoy ese costo real todavía no se conoce porque en gran medida está subsidiado por las propias compañías tecnológicas para imponer su uso y masificarlo, y eso no es sostenible en el tiempo. Ya empieza a advertirse que el valor de los tokens de cómputo puede volverse muy alto. En OwnIt creemos que la parte humana de la ingeniería de software no va a desaparecer, porque hay criterio, arquitectura y responsabilidad que la tecnología todavía no resuelve sola, pero sobre eso tampoco hay certezas a futuro.
Consultada acerca de cuáles son las medidas que podrían ayudar al sector, Iparraguirre menciona que «desde lo regulatorio, la Ley 27.506 de Economía del Conocimiento debería actualizarse. Fue pensada para un modelo mucho más asociado al software tradicional, y hoy el sector es mucho más amplio. Hay ajustes concretos que ayudarían. El requisito de mantener la nómina para revalidar el beneficio cada dos años quedó desactualizado en un momento donde la productividad permite generar más valor con equipos más chicos. Y la doble inscripción, primero en el Registro Nacional y después, por separado, en cada régimen provincial, duplica costos y tiempos justo para las empresas más chicas. También hay un tema de previsibilidad, porque el régimen vence en 2029, y para una industria que invierte con años de anticipación conviene discutir su continuidad antes de que ese horizonte esté encima. Espacio para crecer hay. Pero va a depender de reglas estables, talento formado y
capacidad de transformar conocimiento en empresas y productos exportables».