A medida que los riesgos cibernéticos se incrementan y complejizan, las empresas y sus asesores tecnológicos redoblan las estrategias para identificarlos de manera preventiva o mitigarlos una vez ocurridos. El problema es que el impacto no sólo complica al negocio y su relación con los clientes en forma coyuntural, sino que también golpea a largo plazo sobre la marca y su nivel de solidez patrimonial y financiera.
“Los eventos que ponen en riesgo la reputación pueden reducir el valor de los accionistas hasta un 51%”, esa es una de las conclusiones más contundentes del Informe global de riesgo cibernético presentado por la firma Aon, que este año amplió su investigación con relación a la anterior para evaluar el impacto de los diferentes sucesos tecnológicos adversos hacia los stakeholders.
Analizaron 1.414 cibereventos reportados en los medios hasta finales de 2024, de los que más del 95% fueron de naturaleza maliciosa y, según sus consecuencias, unos 56 se convirtieron en riesgos reputacionales, lo que provocó una caída promedio del 27% en el valor de los accionistas.
En cuanto a la gravedad, los ataques a la red y al sistema fueron típicamente los más dañinos, ya que causaron una caída del 51% en el valor para los accionistas, si bien tuvieron una probabilidad relativa del 19%. En el otro extremo del espectro, aunque siguen representando un riesgo importante, con una probabilidad del 8%, los ataques de acceso no autorizado y de credenciales mostraron un efecto promedio en el valor para los accionistas del 25%.
El ransomware se duplicó en un año
«Desde el episodio WannaCry en 2017 hasta la IA armada, el ransomware nunca ha sido tan agresivo, adaptable ni engañoso. En 2025 el panorama de amenazas es exponencialmente más complejo y se advierte que los grupos de ransomware actuales operan más como cárteles digitales que como hackers aislados”, afirman desde Check Point Research, proveedora líder de inteligencia de ciberamenazas para sus clientes de software y la industria de seguridad global.
Es que la evolución del ransomware se caracteriza por una reinvención constante. Lo que comenzó como un malware rudimentario de bloqueo y demanda ha madurado hasta convertirse en operaciones de extorsión en varias etapas. Los atacantes actuales no sólo cifran datos, sino que los roban, los filtran y los utilizan como arma. Sólo en el primer trimestre de 2025, 2.289 víctimas de ransomware figuraban en sitios web de filtración de datos, lo que representa un aumento interanual del 126%.
“La IA facilita más que nunca la personalización, la implementación y la escalabilidad de los ataques de ransomware.” Sergey Shykevich, director del Grupo de Inteligencia de Amenazas de Check Point Software Technologies.
La barrera de entrada para el ransomware ha desaparecido, dicen los expertos. Los modelos de ransomware como servicio (RaaS) han industrializado la amenaza porque convirtieron al cibercrimen en un negocio escalable. El año pasado 46 grupos nuevos entraron en la contienda: un aumento del 48% con respecto al previo, impulsados por kits listos para usar, programas de afiliados e incluso portales de atención al cliente. Sólo uno de ellos, RansonHub, fue el responsable de 531 grandes ataques reportados.
Sus herramientas ahora incluyen paneles de control, análisis de telemetría y funciones de localización. Esto no es sólo ciberdelito, es un cibercomercio. «Estamos presenciando la revolución industrial del ransomware. La IA facilita más que nunca la personalización, la implementación y la escalabilidad de los ataques de ransomware, y el impacto ya no es sólo técnico. También es operativo, financiero y reputacional», concluye Sergey Shykevich, director del Grupo de Inteligencia de Amenazas de Check Point Software Technologies.
Recuperar el valor amenazado
En el citado reporte de Aon se preguntan: ¿cómo deberían, entonces, las compañías abordar estos riesgos reputacionales?, ya que a pesar de incrementarse y agravarse cada año, no son asegurables o sólo lo son parcialmente. Por eso, concluyen que las empresas que deseen evitar pérdidas como resultado de estos sucesos deberán asegurarse de comprenderlos a fondo y tomar medidas para gestionarlos.
A partir de este diagnóstico proponen cinco impulsores de la recuperación de valor, que son las herramientas que las organizaciones necesitarán para minimizar el riesgo de un evento que destruya su reputación:
- Preparación: las empresas deben asegurarse de tener acceso a los conocimientos analíticos necesarios para desarrollar una comprensión completa de los riesgos de reputación y tomar las medidas adecuadas para ayudar a prevenir y mitigar posibles pérdidas.
- Liderazgo: cuando ocurren acontecimientos, es esencial contar con un liderazgo fuerte y visible.
- Acción: las empresas necesitan tomar medidas rápidas, específicas y creíbles en respuesta a cualquier evento.
- Comunicación: las empresas afectadas necesitan comunicarse de manera rápida, abierta y honesta sobre lo sucedido y su respuesta.
- Cambio: después del acontecimiento, las empresas deberán demostrar un verdadero arrepentimiento y un compromiso con un cambio significativo.
Desde la consultora indican que las empresas que utilizan estas herramientas con éxito pueden ayudar a mitigar la pérdida de valor para los accionistas e, incluso, mejorar su reputación. Su anterior estudio de hace dos años reveló que las empresas superaron con éxito 17 de los 47 ciberataques estudiados, y lograron un aumento promedio del valor para los accionistas del 18%. Sin embargo, en los 30 eventos restantes, el valor para los accionistas experimentó una caída promedio del 21%.
De hecho, los resultados principales de la última encuesta de la consultora global especializada WTW señalan un claro aumento de la preocupación por los riesgos cibernéticos, ya que el 65% de los consultados consideran que el impacto de los ciberataques en la reputación es uno de los riesgos que más les preocupa.

