Cuando trabajar es un juego
Cada vez más empresas recurren a métodos ligados al ocio y a lo lúdico para evaluar las competencias de sus colaboradores.

13 Abr, 2026

La eficiencia no se mide solo en productividad. Hoy los talentos lo son gracias a un cúmulo de habilidades muchas veces difíciles de cuantificar. Cada vez más empresas recurren a métodos ligados al ocio y a lo lúdico para evaluar las competencias de sus colaboradores.

“El juego no es una pausa en el trabajo, sino un espacio de incertidumbre controlada donde emergen los comportamientos más auténticos de un profesional”, sostuvo Sandra Vissani, especialista en recreación y fundadora de Homo Ludens, un espacio de recreación con juegos de mesa y salas de escape.

Según Vissani, uno juega como es y, en el tablero, resulta imposible sostener una ficción. “Allí emergen conductas que no se detectan en una entrevista tradicional o en una charla técnica: la capacidad de pedir ayuda, la gestión del error propio, el aislamiento o la habilidad para priorizar el objetivo común por sobre el ego individual”, explicó.

«Estamos rompiendo el mito de que jugar en la oficina es perder el tiempo. Hoy, las empresas líderes buscan engagement y autenticidad; el tablero de juego es el único lugar donde la jerarquía se horizontaliza y aparece el talento natural”, asegura Juan Del Compare, marketing manager de la editorial y distribuidora de juegos Devir Argentina.

La introducción de editoriales de juegos modernos en el ámbito de los Recursos Humanos responde a una necesidad crítica de las organizaciones actuales: convertir las habilidades blandas o soft skills en conductas observables, entrenables y medibles.

En una sala de selección de personal o en una jornada de team building, un tablero de estrategia funciona como un laboratorio social.

Desarrollar el pensamiento estratégico

La efectividad de esta metodología fue probada incluso en los sectores más rígidos y técnicos de la industria. Vissani relató experiencias en pozos petroleros de Neuquén o en parques eólicos donde el juego sirvió para integrar a líderes formados en el oficio con nuevos profesionales de perfil académico internacional. “La herramienta lúdica logra romper las barreras jerárquicas y generacionales, porque permite que un operario y
un gerente de planta compartan un objetivo común bajo reglas equitativas”, destacó.

La transferencia es tan real que se ve reflejada en la mejora de indicadores concretos, como la reducción de errores en exámenes de seguridad o la optimización de los procesos de venta tras una sesión de juego.

En el imaginario colectivo empresarial, la palabra ocio cargó históricamente con una connotación negativa, casi como un sinónimo de pérdida de tiempo o falta de productividad. Sin embargo, la mirada profesional sobre el juego de mesa moderno propone una redefinición absoluta de este concepto. “No se trata simplemente de pasar un momento ameno, sino de generar una transferencia directa entre lo que sucede en la mesa y lo que ocurre en el día a día de la oficina —aseguró Vissani—. Cuando un equipo se enfrenta a una mecánica de juego, se ve obligado a acordar prioridades, a comunicarse bajo fricción y a ejercer un pensamiento estratégico en tiempo real”.