El criptoarte se afianza en la Argentina
Artistas, coleccionistas, empresas y consumidores se suben a este fenómeno en auge que propone una revolución en la industria del arte, apalancada en el boom de las criptomonedas. Los proyectos que lideran el crecimiento de este negocio en el país y cómo funcionan.

29 Abr, 2022

El 11 de marzo de 2021 marcó un antes y un después para el arte virtual y las criptomonedas. Ese día se unieron ambos mundos: la casa de subastas Christie’s vendió en Nueva York, Estados Unidos, la “primera obra de arte puramente digital” por 69,3 millones de dólares.

El diseñador Mike Winkelmann, alias Beeple, amasó esa fortuna con la comercialización de un collage de bytes de su autoría, a partir de 5.000 imágenes que subió a las redes durante los últimos 13 años. Everydays: the first 5.000 days (“Todos los días: los primeros 5.000 días”) arrancó con un precio base de 100 dólares hasta que llegó al monto final en el que se vendió.

La transacción le entregó al comprador un certificado digital non fungible token (token no fungible), más conocido como NFT, que acredita la autenticidad de la pieza. El token criptográfico respalda a un activo único e irreproducible, mediante documentos digitales que contienen metadatos que garantizan la originalidad de la obra virtual. Se apoyan en tecnología de la cadena de bloques, la misma que utilizan las redes de criptodivisas como bitcoin y ethereum.

La arquitectura blockchain contiene toda la información referente a la obra de arte digital de forma totalmente segura y transparente, de manera tal que no se puede alterar ni intercambiar, como una especie de título de propiedad. El contrato se almacena dentro del ecosistema, por lo que es imposible modificarlo de forma fraudulenta. En ese sentido, resulta sencillo comprobar si las obras son auténticas o no.

A nivel mundial, el comercio electrónico de arte bajo esta modalidad movió más de 15.000 millones de dólares en 2021.

Luego de la citada fecha, las bases de la escena artística internacional se sacudieron ante la inesperada aparición de esta tendencia que, con la velocidad propia de la era digital, captó el interés inmediato de artistas, coleccionistas, instituciones, empresas y público en general. La vorágine de la novedad, alimentada por la promesa del éxito económico, plantea una inusual práctica que cuestiona el statu quo heredado de décadas.

Cambio de paradigma

Así fue cómo cobró masividad el criptoarte, un formato que ya venía en auge desde antes de la pandemia. La corriente, que pretende afianzarse como un nuevo paradigma con una propuesta completamente diferente a la forma tradicional de consumir arte, no se basa en la digitalización de piezas físicas, sino en el diseño de obras directamente pensadas para la virtualidad.

El concepto nace de la necesidad de proteger la autenticidad del arte digital (un dibujo, un video, una canción o un e-book, entre otras expresiones artísticas), dada la facilidad que existe a la hora de duplicar cualquier archivo, puesto que el valor de la pieza virtual reside en las mismas características que el de una tradicional: su exclusividad y propiedad.

Atraídos por estas ventajas, en poco tiempo, se multiplicó la adhesión de participantes a este colectivo, en la búsqueda de difundir y vender objetos digitales acuñados como unidades únicas, con la apertura de nuevos horizontes de posibilidades estéticas.

Es que la particularidad del negocio radica en la capacidad de continuar comercializando las creaciones, independientemente del comprador que se convierte en su propietario. En ese sentido, representa una oportunidad para miles de artistas, que con este mecanismo alternativo pueden exhibir y monetizar sus productos, recaudando, en algunos casos, cifras millonarias; y para clientes, que pueden abonarlos con pagos a través de “cripto”.

Impulsado por la mayor popularidad, el tsunami de creatividad virtual no se detiene. A nivel mundial, el comercio electrónico de arte bajo esta modalidad movió más de 15.000 millones de dólares en 2021, según la firma de análisis de datos Chainalysis. En menos de tres meses, la capitalización de mercado combinada de los principales proyectos de NFT se incrementó en un 1.785%, de acuerdo a una publicación reciente de Forbes.

En la Argentina, el fenómeno crece de la mano de negocios pioneros que buscan democratizar el acceso al arte, con la fundación de empresas que cobran relevancia en el escenario nacional y ya se perfilan para expandirse en la región.

El primer e-commerce local

Creado en 2017, Diderot.Art es el primer e-commerce de arte no tangible del país, que conecta a autores de obras, registradas como únicas y originales bajo la tecnología de blockchain, con un público que busca adquirir estos inventos innovadores.

De la mano de sus fundadoras Lucrecia Cornejo, licenciada en Marketing con un posgrado en Comunicación, y Angie Braun, licenciada en Administración de Empresas con una especialización en Marketing Digital; el proyecto abarca la expansión a otros países de América Latina. Ya llegó a México y el próximo paso es desembarcar en Brasil.

“Diderot.Art nace para crear un puente entre artistas talentosos y gente que quiere disfrutar del arte, y dar lugar a una experiencia modificadora, con la oportunidad de irrumpir creativamente en la vida de las personas para fusionarse con ellas y enriquecerlas. Sentimos que las obras de arte no nacen ‘solo para algunos’. Por el contrario, estamos convencidos de que cobran vida para hacer eco en todos aquellos que entren en contacto con ellas”, resumen al describir la esencia de la iniciativa.

En su plataforma se consiguen piezas distintivas con la posibilidad de abonarlas en cuotas sin interés. Busca cambiar la experiencia de consumo y compra. Y para ello tiene una apuesta fuerte: la muestra interactiva Diderot Digital Exhibition, de la que ya se realizaron cuatro ediciones (dos de forma 100% digital), con el apoyo de grandes empresas como American Express y Samsung.

“Cada año nos enfocamos en una modalidad emergente: en 2020 hablamos de realidad virtual; en 2021, fueron los NFT.”

En el último evento, que se llevó a cabo en noviembre, participaron más de 50 artistas argentinos y más de 120 producciones. La disruptiva exposición estuvo dividida en tres salas. La primera presentó a un mix de argentinos jóvenes y consagrados, la segunda incluyó a mexicanos representativos de la escena contemporánea de ese país y la tercera permitió explorar los trabajos de referentes locales en la creación de NFT, quienes exhibieron su obra en pantallas de última tecnología.

Este espacio dedicado a las obras tokenizadas se sumó en la última edición. “Cada año nos enfocamos en una modalidad emergente: en 2020 hablamos de realidad virtual; en 2021, fueron los NFT”, explicaron desde la organización.

Entre las novedades que ofrece el terreno online, se encuentra la oportunidad de recorrer la exhibición desde el celular desde cualquier lugar del mundo, en 360°, como si se estuviese de manera presencial, pero mediante la realidad virtual. Cada obra se puede ver en profundidad con un clic, así como también se puede conocer más sobre los artistas, escuchar audioguías y ver entrevistas.

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