La euforia que sostienen mucho sectores de la economía por la inteligencia artificial (IA) se encontró con la desagradable sorpresa de pérdidas por 1,5 billones de dólares durante el mes de febrero. Las víctimas fueron compañías como Microsoft, Meta y Amazon, cuyas acciones cayeron hasta 16%.
En este marco, la discusión sobre la fortaleza del ecosistema está abierta. El fuerte crecimiento de inversiones en IA en los mercados refleja más un momento de expectativas y competencia tecnológica global que una burbuja financiera clásica. Así lo comprende Fredi Vivas, ingeniero especializado en IA y fundador de RockingData, al analizar la evolución reciente de esta industria en ascenso.
Vivas, profesor de la Universidad de San Andrés y autor de los libros Invisible, ¿Cómo piensan las máquinas? y el reciente Generación IA, descartó que estos cimbronazos financieros están lejos de ser un game changer y se sobreexagera su impacto.
—¿Existe, efectivamente, una burbuja de las empresas de inteligencia artificial?
—No sé si decir que existe una burbuja, pero sí es un pico de inversiones. Es lo que se llama “un verano de la inteligencia artificial”. Hay mucha expectativa sobre lo que puede hacer la IA, y la verdad que es realista. ¿Cuánto vale invertir en una tecnología que puede transformar la forma de trabajar, la forma de estudiar o, incluso, de curar enfermedades? Ese potencial de retorno es incalculable. Hoy el venture capital está prácticamente decidido a invertir en construir inteligencia artificial general, que sería el siguiente grado de avance después de la IA débil que estamos viviendo ahora. Hoy se está construyendo la arquitectura para que la IA pueda escalar y desarrollarse, y eso requiere mucha inversión. Por supuesto que algunas empresas van a avanzar y otras no. Por decir algo, Windows y Linux no fueron los únicos sistemas operativos. Sin embargo, hubo muchos otros que nadie se va a recordar. Es un proceso más bien darwiniano.
—¿Cómo evalúa los cimbronazos financieros recientes en la industria?
—Creo que una parte tiene que ver con el excesivo foco que hay en los medios, y en el mercado, sobre todo lo que ocurre con la inteligencia artificial. Sale una característica nueva y al otro día se interpreta como un game changer que cambia toda la industria. Muchas veces se sobreexagera sin medir el impacto real de esas novedades. A veces es por falta de entendimiento y otras por movidas de mercado para mostrar que una empresa está
liderando la innovación.
—¿De qué manera podría impactar en Argentina esta volatilidad de las empresas tecnológicas?
—El grado de afectación de Argentina no es tan grande con respecto a otros países. La verdad es que estamos bastante fuera del panorama. China y Estados Unidos están liderando esta carrera tecnológica, mientras que Argentina hoy es, principalmente, usuaria de esas tecnologías. Los cambios globales terminan llegando, pero no con el mismo impacto que en Silicon Valley. Para las empresas locales, tienen que ver cómo deciden sus inversiones. Nunca es una buena recomendación estar corriendo tras la novedad. Lo que hay que hacer es armar buenas bases, trabajar sus datos, incorporar capacidad predictiva, machine learning y no usar datos de terceros. Por ejemplo, si todo tu modelo de negocio se basa en un motor de lenguaje como ChatGPT, y eso de repente deja de funcionar o empieza a cobrar mucho más caros los tokens, tu negocio se va a caer. Nunca fue bueno ser dependiente de marcas y tecnologías específicas. Y ahora menos.

