Nuestros planes para 2026 pasan por tres ejes. Primero, profundizar la integración con el ecosistema financiero: estamos cerrando alianzas con bancos que quieren ofrecer seguros embebidos dentro de sus canales digitales sin tener que desarrollar la capacidad internamente.
Nosotros les damos la infraestructura completa (cotización, emisión, cobranza, siniestros) vía API, lista para conectar. Según BCG, los seguros embebidos podrían superar los 70.000 millones de dólares en primas globales hacia 2030. En América Latina, con una penetración de seguros del 3 %, la oportunidad de llegar al usuario a través de plataformas que ya usa todos los días es enorme.
Segundo, consolidar nuestra plataforma tecnológica como solución modular para aseguradoras y distribuidores. Operamos en cinco países (Argentina, Brasil. México, Colombia y Chile) desde una sola plataforma que cubre todo el ciclo del seguro. Eso nos permite escalar rápido y replicar integraciones sin empezar de cero en cada mercado. No es común en la región encontrar una insurtech con esa capacidad multilatina real.
Tercero, acelerar en ramos críticos: autos, vida, pymes y salud, con productos modulares que se adapten a cómo la gente consume hoy. El mercado ya no tolera procesos de contratación de 48 horas para un seguro que debería resolverse en minutos. Quien no pueda ofrecer esa agilidad técnica, va a perder relevancia.
Las oportunidades que genera la IA
La conversación sobre IA en seguros muchas veces se queda en lo abstracto. Creo que hay que ser más concretos. La oportunidad real en América Latina no es usar IA para hacer lo mismo más rápido, sino para hacer viable lo que antes no lo era.
Un ejemplo: los microseguros. Históricamente, emitir y administrar una póliza de bajo monto no cerraba económicamente porque el costo operativo superaba la prima. La IA cambia esa ecuación: permite cotizar en tiempo real, ajustar coberturas al perfil de riesgo individual, automatizar la emisión y hasta gestionar siniestros de baja complejidad sin intervención humana. De repente, un seguro de dos dólares mensuales deja de ser inviable y se convierte en una herramienta de inclusión financiera para millones de personas que hoy no tienen ninguna protección.
En nuestro caso, ya la aplicamos en la clasificación de operaciones, la gestión inteligente de renovaciones y la asignación de oportunidades comerciales. Pero aprendimos algo que creo que se aplica a toda la industria: la IA no soluciona problemas de gestión, los evidencia. Si tu organización es lenta, la tecnología solo va a acelerar la pérdida de relevancia. Para que la IA funcione necesitás datos ordenados, procesos claros y una cultura que permita iterar rápido. Eso es mucho más difícil de construir que comprar una herramienta.
El otro punto clave es la confianza. Hoy la confianza del usuario no nace del descuento, nace de la transparencia. La IA hace que la brecha entre lo que una aseguradora promete y lo que realmente entrega sea imposible de ocultar. Eso es bueno para los que hacemos las cosas bien y muy incómodo para los que todavía dependen de la opacidad del proceso.
Hay un dato que resume bien la situación: solo el 27 % de las empresas en América Latina tiene alguna protección ante ciberataques. Hay reportes que muestran que más del 60 % de los ataques empresariales generan interrupciones operativas reales. No estamos hablando de un riesgo teórico; es un problema que ya está costando dinero, reputación y continuidad de negocio.
El desafío principal, desde mi perspectiva, no es tecnológico sino de adaptación. El riesgo digital evoluciona a una velocidad que las estructuras tradicionales del seguro no logran acompañar. El ransomware se sofistica, las deepfakes potenciadas por IA crean fraudes cada vez más personalizados, y cada nueva integración digital amplía la superficie de ataque. El Foro Económico Mundial lo acaba de advertir en su Global Cybersecurity Outlook 2026: hay una brecha crítica entre la velocidad de las amenazas y la capacidad de respuesta de las organizaciones.
Para la industria aseguradora, esto representa, a la vez, un riesgo y una oportunidad enorme. El ciberseguro tiene que dejar de ser un producto de nicho para convertirse en un componente básico de la oferta, sobre todo para pymes, que es donde está la mayor vulnerabilidad y también la mayor demanda insatisfecha. Pero para eso se necesita una infraestructura que pueda evaluar riesgos dinámicos, actualizar coberturas en tiempo real y responder con la velocidad que el contexto exige.
Nosotros lo vivimos desde adentro: operamos infraestructura tecnológica que conecta aseguradoras, bancos y distribuidores en cinco mercados, gestionando datos sensibles y transacciones todos los días. Eso nos obliga a mantener estándares de ciberseguridad de primer nivel, y al mismo tiempo nos da un entendimiento muy concreto de lo que necesita el mercado. El desafío de fondo es no quedarse en modelos de protección estáticos cuando el
riesgo es dinámico. Quien logre esa flexibilidad va a liderar el segmento.

