Según el informe Crypto Crime Report 2025 de Chainalysis, los fraudes vinculados a la suplantación de identidad ya representan más del 30% de los delitos con criptoactivos a nivel global. En paralelo, la Federal Trade Commission (FTC) reportó pérdidas superiores a los 1.400 millones de dólares en 2024, entre los que se consolidan a los contactos no solicitados vía WhatsApp, SMS y llamadas como el principal vector de ataque. De estos temas hablamos con Matías Bari, CEO de Satoshi Tango.
—¿Cómo evalúa la evolución de estafas con criptomonedas en los últimos años?
—Las estafas vinculadas al ecosistema cripto evolucionaron en sofisticación y hoy el principal riesgo no pasa por una falla tecnológica, sino por maniobras de ingeniería social cada vez más elaboradas. Los estafadores juegan con la urgencia, el miedo y la falsa confianza para inducir a las personas a realizar transferencias por decisión propia. Muchas veces se hacen pasar por empresas reconocidas, asesores o supuestos especialistas, lo que genera una situación de presión donde el usuario siente que tiene que actuar de inmediato. Ahí está el punto crítico: no suele tratarse de una vulneración de la plataforma, sino de una manipulación externa. Por eso, además de fortalecer la seguridad, la clave está en la educación y la prevención.
—¿Qué responsabilidad tienen los exchanges para impedir estos riesgos y cómo podrían hacerlo?
—Los exchanges tenemos una responsabilidad central en la construcción de un ecosistema seguro, transparente y confiable. Eso implica invertir en tecnología, reforzar controles, monitorear operaciones sospechosas y comunicar activamente cuáles son los canales oficiales de contacto. Pero también tenemos un rol clave en educación: explicar cómo operan estas maniobras y recordar una regla básica que nunca cambia. Ninguna plataforma legítima va a solicitar claves, códigos de seguridad ni pedir transferencias por teléfono, WhatsApp, SMS o mensajes informales. En cripto, además, existe una característica estructural muy importante: la irreversibilidad de las transacciones. Una vez ejecutada una operación válida por decisión del usuario, muchas veces no hay margen para revertirla. Por eso la prevención es fundamental.
—¿El clima de inseguridad ante las estafas en el sector cripto puede afectar la transición de los usuarios desde las finanzas tradicionales hacia la economía digital?
—Puede generar mayor cautela, pero no creemos que detenga la transición. La digitalización de las finanzas es un proceso global que va mucho más allá de la coyuntura. Lo que sí ocurre es que estos episodios elevan la exigencia del mercado: los usuarios buscan cada vez más operar con plataformas serias, transparentes y con trayectoria. Eso, en definitiva, fortalece al ecosistema. La confianza será el activo más valioso de esta nueva etapa, y esa confianza se construye con seguridad, educación y una comunicación clara sobre cómo operar de forma responsable dentro de la economía digital.

