La performance de la economía argentina durante este año fue cambiante, ya que hubo dos episodios de tensión cambiaria/financiera que lograron superarse gracias a la asistencia financiera del FMI (comienzos del año) y el rescate del Tesoro americano (en la previa de las elecciones legislativas). El riesgo país y las tasas de interés treparon significativamente durante los picos de estrés y las reservas internacionales netas bajaron por la venta de divisas del BCRA y el Tesoro nacional.
Tanto el acuerdo con el FMI como el contundente triunfo de La Libertad Avanza descomprimieron las tasas, el riesgo país y la demanda de divisas. Sin embargo, en un contexto tan incierto, el proceso expansivo de la actividad económica y el descenso de la inflación se frenaron, el salario apenas empató el alza de precios y el tipo de cambio oficial trepó por encima del resto de las variables nominales, eso corrigió parte del atraso existente a principios del año.
Si la baja del riesgo país se consolida, aprobación del proyecto de Presupuesto 2026 y reformas estructurales mediante, el año entrante el Tesoro podría hacer roll-over de los vencimientos de deuda en moneda dura. Y el ingreso neto de capitales del sector privado y de las provincias permitiría financiar un déficit de cuenta corriente de 3% del PIB, compatible con un crecimiento del 3% con inflación descendente (18% acumulada en 2026).
Este escenario requiere un influjo de capitales significativo y sostenido que hoy luce disponible para el país, pero hacia adelante dependerá de que las condiciones financieras internacionales persistan favorables (variable exógena) y que el Ejecutivo no se salga del programa con el FMI (lo que requiere rectificar su política de acumulación de reservas). En caso contrario, el sistema actual de bandas cambiarias no podría sostenerse y las perspectivas de expansión de la actividad y de descenso de la inflación se reducirían considerablemente.
El principal desafío del plan oficial en 2026 es sostener el actual esquema de bandas cambiarias, que ajusta al 1% mensual cuando la inflación ronda el 2% mensual, lo que requiere un ingreso de capitales para cubrir el déficit de cuenta corriente y también acumular reservas netas. Si el Ejecutivo logra resolver satisfactoriamente esta dificultad, la inflación perforaría el 1% mensual a fines de 2026 y la actividad treparía por segundo año consecutivo. Pero sostener un tipo de cambio real apreciado, con una estrategia agresiva de apertura comercial en un mundo cada vez más proteccionista, impactará negativamente sobre el aparato productivo y el empleo local.
El cierre de fábricas o líneas de producción en actividades transables va a generar un mayor déficit externo (elevada elasticidad importación/producto) y problemas de empleo (baja elasticidad empleo/producto), ya que los sectores que liderarán la expansión son capitales intensivos (agroindustria, minería, energía e intermediación financiera).

