Gran parte de los industriales locales considera que los regímenes de incentivo a las inversiones los marginan del acceso, y que en su lugar necesitan medidas para sostener las unidades productivas y los puestos de trabajo actuales, que enfrentan altas cargas, incremento de costos y parálisis de la actividad. El economista y director ejecutivo de I+D, Diego Coatz, analiza la situación y propone alternativas.
«El debate no es inversiones sí o inversiones no. La Argentina necesita grandes inversiones y sectores estratégicos del futuro. Pero el super-RIGI, tal como está planteado, tiene un problema de diseño y otro de timing. En el primer caso, el régimen otorga beneficios tributarios, cambiarios y regulatorios muy fuertes para sectores y proyectos todavía poco claros. A cambio, exige poco en materia de proveedores locales, transferencia tecnológica, empleo, I+D y articulación con universidades o el sistema científico. Para ese nivel nulo de condicionalidades, los beneficios son excesivos», explica Coatz, especialista en políticas industriales.
Mientras el gobierno de Javier Milei centra todos sus recursos en el RIGI, que hasta ahora tiene inversiones comprometidas por 200.000 millones de d´lares que se irán concretando en los próximos años, y en una nueva versión el llamado super-RIGI para sectores innovadores, Coatz explica que «el super-RIGI genera un régimen excepcional con mucha opacidad en los proyectos que podrían estar ingresando, mientras el resto de la economía real sigue operando con alta carga tributaria, alto costo financiero y problemas de competitividad. El riesgo es consolidar ‘tres argentinas tributarias’: una Argentina muy beneficiosa para grandes inversiones externas; una segunda Argentina mucho más pesada para industria, comercio, construcción y pymes, con una elevada presión formal que hoy sostiene al fisco; y una tercera Argentina cada vez más grande, vinculada a la economía informal, y que hoy abarca a casi el 50% de las personas».
Desde la óptica de Coatz «antes que un super-RIGI, hace falta un super-RIGI para proveedores. Hoy los proveedores vinculados al RIGI original no están creciendo (las industrias de bienes de capital cayeron 6,8% interanual en mayo). Debería ser prioridad fortalecer el ecosistema de proveedores para que Vaca Muerta, minería, energía, infraestructura y nuevos proyectos generen un hub productivo y exportador alrededor de las grandes inversiones. Derrame en lugar de enclave».
Para el economista, para impulsar la economía y el nivel de actividad hay dos agendas claves: «En primer lugar es central la estabilidad macro y la previsibilidad de las variables, pero hoy el programa tiene que recalibrarse porque en la industria, el comercio y las pymes no hay crecimientos. Si se sacan los sectores vinculados a los recursos naturales, los demás, incluso los profesionales, están cayendo y pierden puestos de trabajo. Entonces es necesario poner en marcha la economía, bajar la tasa de interés, hacer políticas crediticias y fomentar la generación de empleos y la recuperación de los ingresos».
Coatz es contundente: «La economía no va a salir del ‘serrucho’ si no se recupera la industria. La economía en su conjunto sube y baja, pero la industria sigue en tendencia negativa. En mayo cayó 5,7% interanual, si bien mejoró un 0,4% contra abril, pero estimamos que se mantendrá amesetada en junio. Muchas empresas venden para cubrir costos fijos, aún con márgenes cada vez más ajustados. Tienen que darse dos tipos de políticas diferenciadas. Para los sectores que deberían ser dinámicos y hoy no lo son, como todos los proveedores y el ecosistema vinculado al RIGI habría que lanzar un super-RIGI vinculado a ellos, con líneas de financiación, mejoras fiscales, algún tipo de coordinación nacional y provincial para incentivar las cadenas de valor. Por hoy, sacando la parte civil, gran parte de lo que se está generando viene de afuera. Y para sectores resilientes, intensivos en trabajo, que hoy están perdiendo mucho empleo, y por lo tanto se recorta la recaudación, hay que implementar una política fiscal y crediticia para que no se termine de desarticular ese tejido productivo que no se va a poder recuperar».

