La disponibilidad de dólares vuelve a ocupar el centro de la escena económica argentina. El fuerte incremento de las compras al exterior, potenciado por la expansión de la actividad prevista para este año, choca con un punto sensible: la baja acumulación de reservas del Banco Central de la República Argentina. Desde abril del año pasado, cuando se liberó el cepo para personas, el organismo dejó de adquirir divisas en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) y sólo volvió a comprar USD 218 millones en la primera semana de 2026. A esto se suman vencimientos de deuda con acreedores internacionales. La pregunta es inevitable: ¿habrá dólares suficientes para abastecer al Estado, las empresas y los particulares?
Superávit comercial y presión cambiaria
Para Juan Luis Bour, economista jefe de FIEL, este año y el próximo mostrarán un fuerte superávit comercial, explicado principalmente por la expansión de los sectores primarios y mineros. “El tipo de cambio se va a mantener en algún momento cerca del techo de la banda, tanto por la demanda del sector privado como del público”, resalta.
Desde una mirada distinta, Daniel Artana es categórico: “No veo un problema relevante sobre el dólar, ya que a mi entender debería ceder la demanda para ahorro”. Sin embargo, el ahorro no es el único factor de presión. La necesidad de divisas también proviene del comercio exterior, de la deuda y de la dinámica financiera.
La cuenta financiera, en el centro del debate
Rocío Bisang, economista de Research de GMA Capital, advierte que el frente externo sí será un desafío en 2026. “Se espera que con el nuevo esquema el tipo de cambio real sea algo más alto, lo que daría un poco más de holgura por el lado de la balanza comercial y las importaciones, pero a esta demanda se le suma el plan del Gobierno de fortalecer reservas y pagos de deuda por cerca de 12.000 millones de dólares, por lo que la pregunta ‘de dónde saldrán los dólares’ es central”.
En la misma línea, Claudio Caprarulo, de Analytica Consultora, sostiene que el programa económico depende de que el Tesoro vuelva a colocar deuda en los mercados internacionales. “Un objetivo clave que todavía no consiguió, lo que explica el cambio de orientación del BCRA, que ahora tiene entre sus metas acumular reservas, una señal que se esperaba para ayudar a que el riesgo país baje hasta niveles de emisión”, explica.
Para Daniel Marx, director ejecutivo de Quantum Finanzas, habrá superávit comercial, pero también un crecimiento de importaciones más rápido que el de exportaciones. “La idea de una virtual escasez de dólares está relacionada con los movimientos de la cuenta capital”, señala, y subraya que el factor institucional y la combinación de políticas cambiarias y monetarias serán decisivos.
Un superávit comercial que se achica
Los datos oficiales confirman las alertas. Entre enero y octubre, las exportaciones sumaron USD 71.487 millones (+8,1% interanual), mientras que las importaciones alcanzaron USD 64.641 millones (+28,9%). El saldo comercial se redujo a USD 6.846 millones, menos de la mitad del registrado un año antes. El principal déficit se dio con China, por USD 7.266 millones.
Las mayores subas de importaciones se observaron en vehículos, autopartes y bienes vinculados a tecnología, reflejo de una economía que crece pero demanda cada vez más insumos externos. “La economía va a crecer, aunque menos de lo que proyecta el Gobierno. Eso implica más importaciones, en un contexto de normalización del comercio exterior”, aclara Caprarulo.
Apertura comercial e industria en tensión
En un escenario global atravesado por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, conflictos geopolíticos y mayor volatilidad financiera, la Argentina debate su estrategia. Bour advierte que en un proceso de apertura “hay sectores mejor preparados que otros”, tras décadas de economía cerrada y con fuertes regulaciones.
Bisang propone analizar sector por sector y cuestiona las recetas únicas: “Cómo se los protege no es menor: ¿cierre de importaciones, aranceles, exenciones impositivas?”. Artana, en cambio, ve poco margen para limitar ingresos y apunta a las investigaciones antidumping como única herramienta viable.
La industria local muestra señales de debilidad. Según el INDEC, el índice de producción manufacturera creció apenas 2% interanual acumulado, con una caída del 8,7% en noviembre. Quince de 16 ramas industriales retrocedieron, reflejando menor consumo interno y mayor competencia externa.
China, competencia y redefinición productiva
El avance de productos chinos, desde bienes de consumo hasta maquinaria, presiona sobre fabricantes locales. Con un PBI industrial que supera al de Estados Unidos, Alemania y Japón juntos, China busca nuevos destinos tras perder acceso al mercado estadounidense. Esto obliga a empresas argentinas a redefinir estrategias: algunas se vuelcan a importar, otras apuestan a sectores con ventaja competitiva como agro, energía y minería, mientras que las más pequeñas enfrentan cierres.
Marx resume el dilema: “Para la Argentina el comercio con China es muy importante, pero requiere una relación madura y políticas que permitan adaptarse a los excedentes y subsidios del gigante asiático”.
La discusión sobre si alcanzarán los dólares en 2026 sintetiza los desafíos estructurales de la economía argentina. Superávit comercial, apertura externa, necesidad de financiamiento y fortalecimiento institucional forman parte de una ecuación compleja. La clave no estará sólo en cuántos dólares ingresen, sino en cómo se administren y qué condiciones se generen para atraer inversiones y capitales de largo plazo. En un contexto global volátil, la estrategia que adopte el país será determinante para sostener el crecimiento sin volver a chocar con la histórica restricción externa.
Nota generada por Eleven para Grupo NBS

