El consumo viene mostrando una evolución muy dispar desde que arrancó la actual administración. Un repaso de los factores que la explican ayuda a entender qué pasó pero, sobre todo, qué puede pasar, y para esto convocamos al economista Camilo E. Tiscornia, director de C&T Consultores.
—¿Con la macro más ordenada es suficiente?
—La macro de alta y creciente inflación llevaba al consumo de bienes y servicios como forma de preservar el poder adquisitivo, por lo que ordenar la macro, en el sentido de bajar la inflación y reducir la incertidumbre, desactiva ese comportamiento defensivo, lo que juega en contra del consumo. Parece poco probable que ese comportamiento se reactive, por lo que en 2026 el consumo seguirá teniendo que competir con otros destinos posibles para los ingresos.
—¿Y qué va a pasar con la micro?
—Con una macro más ordenada viene la reaparición del crédito, un factor clave para el consumo. Sin embargo, mirando el año pasado en especial, no puede hablarse de un año de macro ordenada, cuando se recuerda que hubo meses con tasas de interés superiores al 100 % y una compra de dólares previa a las elecciones por 30.000 millones. Por ello, no puede disociarse la pobre performance del consumo durante el año pasado de esta dinámica. Pero, pensando en 2026, este es un factor que no estará presente, lo cual resulta auspicioso para lo que vaya a ocurrir este año.
—Pero los ingresos no acompañan las subas de precios…
—La inflación fue barrida bajo la alfombra. La corrección de tarifas, clave para ordenar la situación fiscal, fue un factor fundamental en la baja del consumo del comienzo de la actual administración, ya que redujo el ingreso disponible para otros bienes y servicios. Pero también explica la disparidad del comportamiento del consumo, ya que el impacto de esa corrección fue muy diverso en zonas geográficas y por niveles de ingreso. En 2025 no fue un factor tan relevante porque la corrección se atenuó, sin embargo, en 2026 vuelve a cobrar protagonismo, lo que gravitará sobre el consumo de este año.
—¿Entonces el consumo masivo seguirá estancado?
—Estamos ante un nuevo modelo económico, con apertura y desregulación más IA. El Gobierno actual busca cambiar de raíz el modelo de economía cerrada e intervenida de las últimas décadas por uno de apertura y desregulación. Esto involucra un cambio en la estructura productiva del país y, por ende, en el mercado laboral, con un nuevo balance de ganadores y perdedores que no es sencillo de procesar. La situación se complica aún más con los impredecibles efectos que tendrá la acelerada incorporación de inteligencia artificial en esta ecuación. El resultado es que, si bien no hay una crisis de empleo, la incertidumbre respecto de la situación laboral individual puede ser elevada, lo que lleva a comportamientos de consumo más prudentes. Por otro lado, en estas condiciones, mayor consumo no necesariamente implica mayor demanda para los productores locales, por la mayor posibilidad de importar. En consecuencia, esta dimensión de cambio estructural tiene un efecto ambiguo sobre el consumo, difícil de desentrañar.
—¿Qué puede entonces esperarse para el consumo en 2026?
—Una mejora a nivel agregado, siguiendo lo que se espera para el PBI en general, impulsada por el mayor dinamismo del crédito con una macro más ordenada este año que el pasado. Pero los renovados aumentos de tarifas harán que los servicios públicos ganen peso en el gasto familiar, lo que impedirá un gran dinamismo.

