Tras la revisión de las cuentas nacionales, estimamos que en 2025 el PBI crecerá 4,4%, con diferencias entre sectores que mantienen crecimiento (agricultura, minería, hoteles y restaurantes), otros que rebotan de bajos niveles en el 2024 (sector financiero, construcción, actividades inmobiliarias), y un resto que vegeta con rebotes menores en sectores de servicios e industria.
El crecimiento no se reflejó en un aumento significativo del empleo, que volvió a crecer solo en los segmentos de trabajadores independientes e informales.
La desaceleración de la inflación permitirá cerrar el año con una tasa interanual apenas superior a 30%. Para 2026 las condiciones están dadas para una suave recuperación de la economía, con un crecimiento con piso de 3,4%, pero que podría alcanzar 4% de avanzarse en resolver los principales desafíos que se enfrentan en materia de reformas y de consolidación del escenario macroeconómico.
Hacia adelante, se mantiene la incertidumbre en materia del régimen monetario y cambiario, que impide una más rápida convergencia de la prima de riesgo a niveles que permitan la reinserción de la Argentina en el mercado de deuda voluntaria sin colaterales.
Se perfila un escenario de gradual retorno a los mercados, que se beneficiará de la persistencia del equilibrio fiscal, de la aprobación de reformas de segunda generación y de la capacidad que pueda mostrar el Gobierno en sumar a las provincias y municipios en el proceso de reformas.
Para que el camino iniciado en diciembre de 2023 muestre frutos que se extiendan más allá de los sectores con mayores ventajas comparativas, se requiere incorporar a los gobiernos subnacionales en el proceso de reformas, y ello es una tarea que apenas comienza.

