La industria de la construcción es uno de los mayores emisores de CO₂ a nivel mundial. Es la responsable de, aproximadamente, entre el 34% y el 40% de las emisiones globales relacionadas con la energía y procesos. Este sector también consume cerca del 36% de la energía mundial y genera el 30% de los residuos sólidos.
El calentamiento global tiene una huella urbana riesgosa: crecen los casos de ciudades jaqueadas por inundaciones, incendios, sequías y nevadas. Empujadas por contexto, la arquitectura y el urbanismo están experimentando una transformación acelerada, impulsada por una mayor conciencia ecológica y la necesidad de reducir la huella de carbono.
La biohabitabilidad, la economía circular, el ahorro de intervenciones agresivas y el reemplazo de materiales son algunas de las tendencias de la arquitectura sostenible. En países como Brasil, México, Colombia y Chile, la construcción sostenible es considerada un factor clave. Este impulso se materializa en la adopción de sistemas pasivos de ventilación y soluciones para una envolvente térmica de alto desempeño. Y, además, colabora con la creciente popularidad de certificaciones ambientales, como LEED, EDGE y WELL, que pueden incrementar el valor de una propiedad hasta en un 10%.
Eficiencia y confort
“Ganan terreno los espacios flexibles y multifuncionales, que se adaptan a las necesidades cambiantes de los usuarios a lo largo del tiempo. Este enfoque minimiza la necesidad de grandes reformas, lo que reduce el consumo de materiales y la generación de residuos. El uso de soluciones constructivas livianas, como paredes divisorias, paneles y revestimientos permiten reorganizar ambientes sin intervenciones estructurales complejas. La eliminación de falsos techos para ganar altura y mejorar la circulación del aire, junto con el uso de colores neutros que optimizan la reflexión de la luz natural, son estrategias que contribuyen a la eficiencia y al confort”, explicó Miguel García, director de AAPVC (Asociación Argentina del PVC).
García destacó la eficiencia del material para ofrecer soluciones hacia una construcción menos contaminante. “El principal atributo del PVC es su excelente capacidad de aislamiento térmico. Al ser un material no conductor, ayuda a mantener una temperatura interior estable, y eso reduce drásticamente la dependencia de sistemas de calefacción y aire acondicionado. Las ventanas de PVC, a menudo diseñadas con perfiles multicámara, crean barreras eficaces contra la transferencia de calor y frío, lo que se traduce en un ahorro energético significativo y una menor huella de carbono”, explicó.
Argentina no es ajena a esta transformación. “Con un sector edilicio responsable del 40% del consumo energético nacional y del 37% de las emisiones de CO₂, el país enfrenta el desafío de reconvertir su parque inmobiliario hacia modelos más eficientes. El aumento en las tarifas de servicios públicos ha acelerado el interés por la construcción sostenible, no solo como una respuesta ambiental, sino también como una estrategia económica para los hogares y las empresas”, agregó García.
El potencial de ahorro es considerable. La implementación de materiales de alto desempeño térmico [A1] y un diseño bioclimático puede generar ahorros de hasta un 50% en el consumo de electricidad y gas. En ciudades como Buenos Aires, esto se traduce en una reducción de hasta un 60% en el uso de aire acondicionado y un 50% en calefacción, lo que alivia entre un 30% y un 70% las facturas energéticas.

