Cada vez más viajeros buscan experiencias que integren el cuidado ambiental, la compensación de emisiones y el desarrollo de las comunidades locales. En ese escenario, Patricia Molina, referente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), analiza cómo evolucionó el concepto de turismo sustentable en la Argentina y cuáles son los desafíos para consolidarlo.
Para Molina, la Argentina incorporó el concepto de turismo sustentable con relativa rapidez gracias a la riqueza de sus recursos naturales y culturales, aunque considera que aún queda camino por recorrer: «Argentina incorpora el concepto rápidamente en relación con otras regiones del mundo. Por sus características, basadas en aspectos naturales —su gran fortaleza— pero también culturales, al entender la cultura como las regionalidades y sus costumbres. El turismo sustentable es un concepto abstracto que va más allá de lo económico y del corto plazo: piensa en un beneficio para los residentes y las comunidades que son la base de la actividad turística. Desde ese lugar, la Argentina tiene una tradición importante en sus programas generales, estrategias y políticas de calidad. Todavía nos falta trabajar un poco más.»
Uno de los indicadores que mejor refleja esa evolución es la medición de la huella de carbono. La dirigente sostiene que el sector comenzó a reconocer que toda actividad turística genera un impacto ambiental y que la responsabilidad empresarial no termina en reducir emisiones, sino también en compensarlas.
«Es un muy buen ejemplo que reconoce que la actividad humana tiene un impacto, y que no solo hay que pensar en reducirlo, sino también en compensarlo. Hacerse responsable es no solo pedir perdón, sino además arreglarlo. Son criterios que se interiorizan desde la esencia misma del negocio, como el concepto de turismo regenerativo, que mide también lo que se hace. La huella de carbono es una de las primeras y más importantes temáticas que primero incorporan las grandes, y luego las pymes. Igualmente, si bien está avanzando, no es todavía una práctica tan extendida o regular como para decir que todo el sector la tiene incorporada.»
La incorporación de estas prácticas, explica, todavía presenta ritmos diferentes según el tamaño y el perfil de cada empresa, aunque observa un crecimiento sostenido en la adopción de herramientas de medición y compensación.
Buenas prácticas e incentivos para acelerar el cambio
En la práctica, las iniciativas sustentables abarcan desde programas de reforestación hasta certificaciones internacionales vinculadas con el triple impacto y la gestión responsable de los recursos.
«Hay empresas que hacen reforestación propia o se asocian con especialistas en compensación. Algunas pymes de naturaleza y aventura suman a los turistas a tareas de recuperación de prácticas artesanales en comunidades locales. Otras, sobre todo hoteles, se postulan para sellos que certifican gestión de energía, agua, residuos y alimentos locales, con distinciones de calidad nacional o internacional vinculados al triple impacto, como Biosfera o Sistema B.»
Sin embargo, para que estas experiencias dejen de ser casos puntuales y se conviertan en un estándar del sector, Molina considera indispensable avanzar con políticas que acompañen la transición.
«En principio, la concientización y la capacitación. El segundo punto es una mayor visibilización de las empresas que adhieren a estas prácticas, con algún sistema de beneficios o membresías. Es una diferenciación competitiva que también favorece a la Argentina y a sus destinos. El tercer punto es un incentivo económico, en el sentido de aliviar determinadas cargas o ayudar en la implementación de estos programas. La transición de los métodos tradicionales a los nuevos implica no solo tiempo y esfuerzo, sino también recursos financieros que no siempre son fáciles de conseguir.»
La mirada de la referente de CAME resume un proceso que gana protagonismo dentro de la industria turística: la sustentabilidad ya no se limita a una cuestión ambiental, sino que comienza a consolidarse como un factor de competitividad y de diferenciación para los destinos y las empresas que buscan responder a las nuevas demandas de los viajeros.

