En la Argentina el ratio entre el crédito y el PIB está por debajo del 15% y es uno de los más bajos de la región. Al mismo tiempo, en los últimos meses viene creciendo fuerte la morosidad, especialmente en los hogares. Las tasas altas y los bajos ingresos dificultan el pago de deudas. Ante este panorama, y el desafío que enfrentan las entidades y los tomadores, consultamos a Anastasia Daicich, directora ejecutiva de Qualy Consultora.
—¿Cómo caracteriza el actual estado de la deuda crediticia?
—La mora crediticia en Argentina es el síntoma visible de una problemática que se gestó durante más de un año y que hoy afecta a familias y empresas. Los números son elocuentes: la irregularidad en préstamos personales trepó del 3,2% en diciembre de 2024 al 13,8% en febrero de 2026. En tarjetas de crédito, pasó del 1,7% al 11,6% en el mismo período. En el segmento no bancario (fintech y financieras de consumo), la irregularidad supera el 30% en varios casos. No estamos ante un problema transitorio, sino de solvencia estructural.
—¿Qué provocó este salto de la morosidad?
—La estabilización fiscal y monetaria de los últimos dos años generó una caída del salario real que, a inicios de 2026, ronda ocho puntos por debajo de los niveles de diciembre de 2023. Al mismo tiempo, las tarifas de servicios, transporte, educación y salud escalaron por encima de la inflación, y comprimieron el presupuesto familiar. Muchos hogares recurrieron al crédito no para invertir ni para consumir, sino para sobrevivir provisoriamente.
—¿Cómo se llegó hasta aquí?
—Entre mayo de 2024 y abril de 2025, el endeudamiento total de las familias en el sistema bancario creció un 89% en términos reales. Los préstamos personales crecieron casi un 200%. La relación entre deuda y masa salarial se duplicó en apenas dieciocho meses. Con la baja de la inflación y tasas reales positivas, los atrasos se transformaron rápidamente en impagos mayores por el efecto del interés compuesto, que amplifica la deuda de manera exponencial.
—¿Las entidades reaccionaron tarde?
—El modelo econométrico de nuestra consultora revela que el endeudamiento de seis meses atrás predice mejor la mora actual que cualquier otro indicador. El efecto “bola de nieve” se formó antes de lo que se percibía. Ante esto, el sistema financiero respondió de un modo racional desde la perspectiva micro, pero que agrava el impacto agregado: más mora genera más cautela bancaria, menos crédito, menos consumo, más presión sobre la capacidad de pago.
—¿Se pueden retomar los préstamos antes de solucionar la mora?
—La reactivación requiere, en principio, ciertas condiciones indispensables. Primero, recuperación genuina del ingreso real: sin ella, el crédito seguirá siendo un sustituto peligroso del ingreso, no una herramienta para su administración en el tiempo. Segundo, la reducción del costo financiero efectivo, que hoy incluye comisiones y seguros, elevan notoriamente la tasa real. Tercero, educación financiera: la facilidad con que hoy se toma deuda, con unos pocos toques en la pantalla y sin ninguna interacción en tiempo real con las personas, está amplificando decisiones impulsivas.
—¿Cuál es el desafío del mercado ante esta problemática?
—Argentina tiene históricamente uno de los mercados de crédito más débiles de la región. La oportunidad de construir uno más profundo y sostenible existe. Pero solo si se aborda el problema de modo integral, combinando estabilidad macroeconómica, ingreso genuino y regulación inteligente. El desafío es pasar de un crédito que licúa, o explota, a uno que financia el progreso real.

