La ciudad que nunca se enfría
El calentamiento global no solo es una foto de incendios forestales o de glaciares derretidos. Sus efectos alcanzan hasta la forma en que se empiezan a construir las viviendas para mitigar las altas temperaturas.

1 Abr, 2026

En enero, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) anunció que 2025 fue uno de los tres años más cálidos jamás registrados en la historia mundial. La temperatura media global fue 1,44 °C superior al promedio de la era preindustrial (1850-1900), el límite establecido por el Acuerdo de París para comparar la temperatura.

El calentamiento global no solo es una foto de incendios forestales o de glaciares derretidos. Está mucho más cerca de las grandes ciudades de lo que muchos suponen. Sus efectos llegan hasta la forma en que se empiezan a construir los edificios para mitigar las altas temperaturas.

“Con el calentamiento global, las olas de calor son más frecuentes y severas. Esto genera que las ciudades no lleguen a enfriarse nocturnamente, y eso crea un ciclo de acumulación térmica constante”, explicó Franco Giraud, head of Technical Documentation en Mapei Argentina, una compañía italiana especializada en la fabricación de productos químicos para la construcción.

El estrés térmico es la carga de calor acumulada que no puede disipar eficientemente. En las ciudades, esto se potencia por el efecto “isla de calor urbana” (ICU): las superficies oscuras de asfalto y hormigón absorben la radiación solar durante el día y la liberan lentamente por la noche.

Una de sus principales consecuencias es el aumento del consumo energético. “Los sistemas de climatización trabajan al máximo para compensar la temperatura exterior, pero eso eleva los costos y la huella de carbono. Además, genera degradación de materiales, debido a que la dilatación y contracción extrema (choque térmico) acelera la aparición de fisuras en las estructuras. También tiene impacto en la salud, porque aumentan las enfermedades cardiovasculares y respiratorias en la población urbana”, agregó Giraud.

Cómo combatir el estrés térmico

El fenómeno está obligando a la industria de la construcción a utilizar nuevos materiales para bajar la temperatura de edificios, como los sistemas cool roof (techos fríos) y materiales con alto índice de reflectancia solar (SRI).

Son recubrimientos con formulaciones especiales que reflejan la mayor parte de la radiación solar en lugar de absorberla. Tienen la ventaja de adaptarse a construcciones preexistentes. “Al ser materiales líquidos o membranas de fácil aplicación, permiten rehabilitar edificios antiguos al transformarlos en estructuras energéticamente eficientes sin intervenciones estructurales costosas”.

En comparación con materiales tradicionales (como el impermeabilizante negro o el asfalto expuesto), los materiales de alta reflectividad pueden duplicar la vida útil de la cubierta. Al reducir la temperatura superficial (que puede bajar de 80°C a 40°C en un día de verano), el sustrato sufre mucho menos estrés mecánico por dilatación.

Esto evita las microfisuras que luego derivan en filtraciones. Giraud afirmó que el futuro de los materiales es la descarbonización total. “En Mapei estamos moviéndonos hacia materiales de base bio, a partir de la reducción de polímeros derivados del petróleo. Hormigones de baja huella de carbono con uso de aditivos que permiten reducir el contenido de cemento (el principal emisor de CO₂).

También hay sistemas circulares, materiales que incorporan áridos reciclados y que, al final de su vida útil, puedan volver a ser procesados. Además, certificaciones transaprentes, como el uso de EPD (environmental product declarations) para que el constructor sepa exactamente cuántos kilos de carbono está ahorrando.