Desde hace décadas se habla en la Argentina de la industria del juicio, relacionada, en general con los procesos judiciales de índole laboral y, en particular, con las demandas presentadas por trabajadores contra sus empleadores por enfermedades y accidentes.
“El sistema argentino de riesgos del trabajo enfrenta una situación crítica por la elevada litigiosidad judicial porque, si bien la cobertura y la siniestralidad son comparables con la de países como España o Chile, la cantidad de demandas supera hasta veinte veces la de esas naciones”, declaró en TV el mes pasado Mara Bettiol, presidenta de la Unión de Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (UART).
Como lo vienen haciendo la mayoría de compañías del rubro, la titular de la cámara empresaria denunció que el problema radica en una litigiosidad artificial, completamente desconectada de las variables del mercado de trabajo y de los estándares internacionales. No es una novedad, pero la solvencia del sistema está a punto de colapsar ante esta creciente realidad.
El año pasado se sumaron nuevas causas, hasta llegar a un total de 126.055 juicios laborales en el país únicamente por riesgos del trabajo, lo que significó un aumento interanual, promedio, del 6,8%, pero que tuvo saltos provinciales, como el alza del 21,5% en Santa Fe, según estadísticas de la UART. Para el año en curso se proyectan alcanzar los 132.000 litigios, sobre la base de los 38.000 ingresados hasta ahora.
La demora en la justicia para crear los cuerpos médicos forenses y el incentivo económico perverso que implica el pago en función del porcentaje peritado son dos de las causales de distorsión que ponen en jaque al sistema y que, para las aseguradoras, perjudica al empleador, al empleado, a la competitividad laboral y genera un sobrecosto para toda la economía.
La tecnología no es la panacea, pero su correcta y eficaz utilización pueden encaminar un sistema.
En este contexto, la aparición de la inteligencia artificial generativa y predictiva ha surgido como un aliado que está revolucionando la práctica médica y, en particular, el área encargada de prevenir y diagnosticar los accidentes laborales para las compañías aseguradoras.
Esta tecnología, aunque incipiente en su adopción a nivel local, no sólo ofrece soluciones para la gestión interna y con los clientes, también permite medir la salud y el daño corporal en los trabajadores, lo que constituye una tarea clave para las aseguradoras. La IA también está cambiando la forma en que se aborda la rehabilitación y el seguimiento de pacientes crónicos.
El futuro de la seguridad y salud laboral
El blog de innovación para el sector asegurador, Fùture, asegura que mediante el uso de dispositivos wearables y tecnología de monitoreo, además, es posible realizar un seguimiento más efectivo de las condiciones de salud a largo plazo, lo que permite a las aseguradoras gestionar mejor los riesgos y ofrecer servicios más personalizados a sus clientes.
Claro que la tecnología no es la panacea, pero su correcta y eficaz utilización pueden encaminar un sistema que, si bien registra una baja del índice de fallecimientos por cada millón de trabajadores cubiertos, con 19.000 vidas salvadas, y del índice de accidentes y enfermedades por cada mil trabajadores expuestos, con 4,7 millones de siniestros evitados, muestra una siniestralidad estable y por contraste una altísima judicialidad, de acuerdo con los datos de la UART.
La IA ya está siendo utilizada en la evaluación de riesgos y en la prevención de accidentes y, aunque todavía tiene un largo camino por recorrer en el mercado asegurador local, sobre todo en el área de riesgos del trabajo, varias compañías locales están implementando su uso y al obtener buenos resultados comienzan a reconvertir sus sistemas e incrementan la inversión en la adopción de tecnologías más sofisticadas.
El desafío por delante es grande, porque el incremento de la litigiosidad en la industria del seguro es multicausal. Como ha dicho en estas páginas y en el Insurance Week Alejandro Simón, CEO de Sancor Seguros y presidente del Centro de Investigaciones para el Desarrollo del Seguro, como no se cumple con la ley vigente, el impacto de la judicialización excede al mercado asegurador y abarca a toda la economía.
“Uno de los mayores desafíos es trabajar en conjunto por los temas que entorpecen a la actividad aseguradora, como la conflictividad laboral exacerbada, con los casos de accidentes de trabajo y los grupos de caranchos que viven de la desgracia ajena”, afirmó Simón a NBS en la edición de mayo último.
También expresó que el sector debe seguir “trabajando en la reconversión tecnológica del conjunto de las operaciones, y ahora con el agregado de la inteligencia artificial generativa, lo que implica un reto para las empresas más pequeñas, porque genera un ahorro de costos pero requiere escala para poder pagarla».

