Yo separaría en tres partes mi análisis sobre este año: una hasta la negociación con el FMI y la implementación de las bandas anchas, una segunda desde ahí hasta la elección de medio término, y la última hasta fin de año.
Hasta que se empezó a negociar el acuerdo con el Fondo, la estabilidad del tipo de cambio y la desaceleración de la inflación mostraban una actividad económica creciendo, que tocó un máximo en febrero. Luego, desde un inicio pensamos que las bandas cambiarias eran una mala idea para un país como Argentina, bimonetario, que utiliza el dólar como unidad de cuenta, poner tanta volatilidad en el tipo de cambio no es una buena idea. Al comienzo generó la necesidad de secar la plaza de pesos para subir la tasa de interés e intervenir en el mercado de futuros, para mantener el tipo de cambio dentro de las bandas. Pero como la demanda es inestable, si cae, se corre el riesgo de ir a la banda superior, y eso ocurrió con la cancelación de las LEFI y después con el lapso entre la elección bonaerense y la nacional. Se armó un círculo vicioso en el que el BCRA vendía para sostener el precio y los acreedores veían que se estaban gastando sus dólares. Tras el resultado inesperado de las elecciones legislativas, llamó la atención que, con las mismas variables económicas previas, se empezó a ver apreciación del tipo de cambio, intervenciones dentro de las bandas, la baja de la tasa de caución, compresión de la curva de rendimiento en pesos y del riesgo país. Pero lo único que cambió fue el escenario, de uno de desconfianza a otro de confianza, porque la situación económica era la misma.
Para el año próximo resta esperar si se consolida el escenario de confianza poselecciones y una tasa de crecimiento similar a la de este año, en torno al 4%. El nivel de monetización de la economía es muy bajo: el viernes 24 de octubre estaba sobredolarizada, por miedo a una variación en la política cambiaria o una ampliación de la banda superior. Pero la economía necesita pesos para funcionar, y en la medida en que no tenés déficit fiscal financiado con monetización del BCRA, la única forma de conseguir los pesos es vendiendo dólares. Lo segundo es que cuando hay incertidumbre, uno no quiere consumir ni invertir sino comprar dólares, pero si empieza a haber confianza, se reactiva la actividad económica, se recupera el empleo y el salario en términos reales, se observa un mercado de cambios más ofrecido pero también un deterioro en las cuentas externas, por mayor consumo de importados. También se pueden esperar tasas de interés nominales y reales a la baja, por la desaceleración de la inflación, y una recuperación del crédito. Además se generaría un impulso a la demanda agregada por una cosecha récord, con precios mejores a los previos, y una menor salida de capitales: entre abril y septiembre de 2025, los argentinos compramos casi 30.000 millones de dólares para atesoramiento.
Para el año entrante existe el desafío de que el Gobierno pueda gestionar el ejecutivo sin cometer errores y, en segundo lugar, la negociación en el Congreso para obtener las mayorías que le permitan continuar con las reformas estructurales.

