No hay tiempo para cerrar un acuerdo virtuoso con el FMI
El 2021 fue el mejor año de la presidencia de Alberto Fernández porque contó con un “maná del cielo” de más de 10.000 millones de dólares. Eso le permitió abordar la restricción externa, atrasar el tipo de cambio y dilatar el acuerdo con el FMI.

21 Ene, 2022
Entrevista a Lorena Giorgio, economista jefe Equilibra

El 2021 fue el mejor año de la presidencia de Alberto Fernández porque contó con un “maná del cielo” de más de 10.000 millones de dólares. Eso le permitió abordar la restricción externa, atrasar el tipo de cambio y dilatar el acuerdo con el FMI.

De esa forma pudo tener una política fiscal más expansiva. Un nuevo programa con el Fondo lo hubiera obligado a un equilibrio fiscal y a acumular reservas netas que le habrían impedido actuar en el tipo de cambio financiero.

Pero el año pasado no se va repetir ni en 2022 ni en 2023. Este año el Gobierno tiene que tomar decisiones importantes. Es imperioso corregir el frente cambiario porque el tipo de cambio real actual está reduciendo la rentabilidad del sector real transable, que es el que trae las exportaciones. Ya hemos visto que el Gobierno fue volcándose a nuevas restricciones para evitar una sangría mayor de reservas. Esta situación no es sostenible en el mediano plazo, a no ser que estén dispuestos a soportar una recesión.

Necesidad de un programa económico

En el tercer trimestre las importaciones cayeron en volumen un 2%, con una actividad que crecía al 4%. No pasaba desde 2016, es una situación extraordinaria. Pero no se puede seguir creciendo si se sigue cerrando la puerta a las importaciones. El Gobierno tendrá que enfrentarse a este trade off de importaciones, reservas y actividad económica.

Junto con este esquema de atraso cambiario está el retraso de las tarifas de servicios públicos que no se ajustan desde 2019. El desafío principal es lograr salir de este doble esquema de retraso cambiario y tarifario evitando sobresaltos e impacto social. Para eso se necesita un programa económico consistente de la mano de una negociación con el Fondo que trace una hoja de ruta para el mediano plazo.

En este camino hemos visto algunos avances o señales que muestran que el Gobierno busca un entendimiento con el Fondo. Es algo que urge porque si la Argentina paga vencimientos de diciembre y enero, la cuenta de los DEG quedará en cero y todos los vencimientos de títulos públicos, multilaterales y el FMI tendrán que hacerse con reservas que están en los 4.500 millones de dólares.

Escenario para 2022

Nuestro escenario base es con un acuerdo con el FMI que no será virtuoso pero, simplemente, permitirá evitar una situación de arrears. No hay tiempo para cerrar un acuerdo virtuoso. Un acuerdo de extended fund facility a diez años trae aparejadas reformas estructurales. Suelen pedir reforma tributaria, previsional y laboral que necesitan consenso político para que sean exitosas. Es difícil lograrlo con un Congreso no tan amigable y en un plazo de tres meses.

Por eso pensamos que tendremos un acuerdo puente que permitirá reacomodar la macro en 2022 y 2023 pero sin shock de virtuosismo.

El año que viene la restricción externa va a estar nuevamente operativa. Un año de la Niña para la cosecha podría afectar los volúmenes exportados y tampoco esperamos una nueva inyección de liquidez como hubo con los DEG este año.

La escasez de dólares va a poner un techo al crecimiento. También habrá restricción con salarios reales a la baja en un contexto de ajuste cambiario y tarifario que mostrarán una trayectoria por encima de la inflación y con un esquema donde la productividad puede aumentar, pero no va a exhibir un salto importante.

En 2022 estamos pensando en un crecimiento que oscilará en el 1% con un consumo privado estancado y un dinamismo que puede llegar por el consumo reprimido, y la utilización del fondo anticíclico de ahorros que el sector privado fue acumulado durante la pandemia.

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