Con el uso de la inteligencia artificial ya incorporamos cambios concretos en el frente de emisión y suscripción: automatización de la carga y validación de documentación, cruce de información de tomadores y agilización de los tiempos de análisis y envío de pólizas, lo que redujo notablemente los plazos de emisión sin perder rigurosidad en el análisis del negocio.
A partir de esa base, estamos encarando una segunda etapa de abordaje integral que alcanza al resto de la compañía: administración y cobranzas (automatización de conciliaciones y alertas automáticas de deuda), análisis de riesgo (modelos de scoring más dinámicos sobre la cartera de tomadores) y siniestros (organización de reclamos, búsqueda de jurisprudencia y seguimiento de casos). No es una mejora puntual en un área, sino un proceso de transformación progresivo y ordenado que busca que la tecnología atraviese toda la cadena de valor de la compañía.
En lo regulatorio, la Superintendencia tiene que seguir avanzando en la desburocratización del mercado que ya impulsó: agilizar la aprobación de nuevos productos, simplificar trámites y dar mayor flexibilidad a las compañías para definir dónde y cómo invertir sus carteras, en lugar de un régimen de inversiones tan rígido como el actual. Eso permitiría diversificar mejor el respaldo de los compromisos asumidos y liberar capital hoy inmovilizado en instrumentos no tan rentables. En paralelo, hace falta un régimen fiscal que estimule dos cosas a la vez: la inversión en inteligencia artificial y tecnología, y una mayor capitalización de las compañías de seguros. Un sector mejor capitalizado y con reglas más flexibles no solo se moderniza más rápido, sino que se adapta mejor a las reglas de juego de la nueva economía, porque contribuye a la penetración de caución en los diferentes sectores productivos.
El diferencial competitivo
La propuesta de valor tiene que evolucionar mediante la incorporación de IA de forma cada vez más profunda —en análisis de riesgo, en seguimiento de cartera, en velocidad de respuesta al cliente— pero sin perder de vista que caución es, ante todo, un negocio de confianza y relación personal. La tecnología permite que el suscriptor dedique su tiempo y criterio experto a lo que realmente agrega valor: entender el riesgo específico de cada tomador y de cada operación, en lugar de perderse en tareas administrativas.
El diferencial competitivo no va a ser quién automatiza más, sino quién logra combinar mejor esa eficiencia tecnológica con el criterio humano y el know how que el cliente sigue necesitando del otro lado del mostrador.

