Cae la cantidad y el uso de tarjetas de crédito
El uso de la tarjeta de crédito el año pasado creció por debajo de la inflación anual. De acuerdo a un estudio de la consultora First Capital Group, el crecimiento interanual llegó al 70,2%, lo que la ubica por debajo de la suba de precios del 94,8%.
Cae la cantidad y el uso de tarjetas de crédito

23 Ene, 2023

En cinco años, los bancos dieron de baja 3,7 millones de plásticos, lo que significó un golpe no solo para los sectores de menores ingresos, sino también para los de mayor poder adquisitivo.

En un contexto local de acelerada inflación, y a pesar del avance de los pagos digitales en la década pasada, en los últimos cinco años cayó un 17% en la Argentina el uso de tarjetas de crédito: pasó de 21,7 millones de usuarios únicos en 2018 a 18 millones en 2022.

Este instrumento, que tiene el doble rol de método de pago y vía de financiamiento al mismo tiempo, perdió terreno en un segmento cuantioso de la población, según un informe reciente de la Cámara de Tarjetas de Crédito y Compra (Atacyc). Hay 3,7 millones de plásticos menos, situación que se traduce en 3,7 millones de argentinos que se quedaron sin acceso a la herramienta más tradicional de financiamiento al consumo.

Los más perjudicados en esta retracción fueron los sectores socioeconómicos de medios y bajos ingresos. El estudio sostiene que del total de las personas salidas del sistema, el 96% pertenece a los segmentos más vulnerables de la población, que debieron recurrir a otras opciones para financiar sus compras.

En los niveles altos (ABC1) y medio-altos (C2) no hubo impacto: hay casi la misma cantidad de usuarios que hace cinco años. Pero en los segmentos medio-bajo y bajo, la caída es palpable. Del total de 3,7 millones de clientes perdidos, 3,6 millones se ubican en estos grupos.

Las razones que explican la baja

La principal causa por la que casi cuatro millones de argentinos se quedaron sin tarjeta de crédito tiene que ver con los topes a las tasas de interés. La existencia de tasas máximas, en un escenario de inflación creciente, obligó a muchos bancos a retirarles los plásticos a los clientes de mayor riesgo, que podían calificar solamente si las tasas fuesen más altas.

Ante ese escenario, algunas entidades prefirieron no renovarles la tarjeta a los usuarios de ingresos medios y bajos. Se trata de una decisión que predominó en los pequeños bancos (dedicados al financiamiento al consumo) y en entidades no financieras habilitadas para emitir tarjetas, como las financieras ligadas a supermercados o cadenas comerciales.

Estos emisores, con menos espalda que los grandes bancos, son los que suelen dedicarse a clientes de los estratos sociales más bajos que, a la vez, son los que tienen mayor riesgo por contar con ingresos escasos o irregulares.

El uso de la tarjeta de crédito el año pasado creció por debajo de la inflación anual. De acuerdo a un estudio de la consultora First Capital Group, el crecimiento interanual llegó al 70,2%, lo que la ubica por debajo de la suba de precios del 94,8%.

Otro aspecto que limitó el uso de las tarjetas en clientes de poder adquisitivo más elevado fue la falta de actualización de los límites para los gastos. A diferencia de los clientes de ingresos bajos, en estos casos la tarjeta se siguió renovando, pero cada vez se pueden financiar menos consumos con ella, porque el margen se volvió escaso.

En esta coyuntura, el uso de la tarjeta de crédito el año pasado creció por debajo de la inflación anual. De acuerdo a un estudio de la consultora First Capital Group, el crecimiento interanual llegó al 70,2%, lo que la ubica por debajo de la suba de precios del 94,8%, informada por el Instituto de Estadística y Censos (Indec) para el período. Este desplome arrojó una baja de la cartera en términos reales.

“Múltiples factores que limitan el crecimiento, como la falta de actualización de los límites de venta en cuotas y el consiguiente agotamiento de los mismos por su uso durante los meses previos, el alza de las tasas que encarecen el costo de la operatoria para las entidades financieras, la situación financiera de los consumidores que los motiva a no incrementar el endeudamiento familiar, y las actividades que tienen vedado el financiamiento a través de tarjetas o ven incrementado su costo financiero”, enumeró Guillermo Barbero, socio de First Capital Group.

Crecimiento fintech

Para Fernando Bosch, especialista en la industria fintech, “el contexto brinda una oportunidad para que las fintech puedan sacar ventaja, por su mayor flexibilidad que los bancos tradicionales”.

Alejandro Cosentino, CEO de Afluenta, explicó que queda un largo camino en la inclusión y educación financiera de los argentinos: “Los clientes adoptaron los servicios de plataformas fintech de manera masiva”. Y reconoció que el costo financiero total es producto de una realidad macroeconómica e impositiva. “El dinero para ofrecer crédito a particulares y empresas es escaso. Está gravado por muchos impuestos. Las fintech tienen una parte de sus costos, no menor, en dólares, y deben salir a financiarse en el mercado local”, concluyó.

Guillermo Barbero, Fernando Bosch, Alejandro Cosentino
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