El 2025 fue un año positivo para nuestra compañía. A pesar de las dudas macroeconómicas que existían al principio, del menor dinamismo que se veía en la obra pública y del contexto propio de una transición macroeconómica, alcanzamos buenos niveles de producción y consolidamos nuestra posición en el mercado. Supimos adaptarnos al escenario acompañando a nuestros clientes sin resignar criterios técnicos.
El entorno económico y la incertidumbre electoral que predominaron en gran parte del año generaron desafíos importantes para el desarrollo del ramo. Sin embargo, comenzaron a observarse movimientos favorables en áreas que estaban menos explotadas, como energía, minería y determinadas actividades productivas provinciales, lo que permitió que se esté cerrando el ejercicio con meses muy firmes en niveles de producción.
Estamos trabajando en el análisis y diseño de nuevos productos alineados a la evolución del mercado y a las necesidades emergentes de clientes y productores. En un contexto de renovación económica y aparición de nuevos actores, entendemos que el desarrollo de soluciones innovadoras será clave. El foco estará puesto en productos más ágiles, específicos y adaptados a sectores con nuevas demandas de caución.
Seguiremos invirtiendo e incorporando todo lo que podamos en tecnología e inteligencia artificial, temas que están teniendo un impacto decisivo en la evolución del negocio. Mejoran la eficiencia operativa, fortalecen los procesos de suscripción y potencian la experiencia de clientes y productores. La digitalización de procesos, la analítica aplicada a riesgos y la automatización de gestiones permitirán una mayor competitividad del ramo y un servicio más ágil y preciso.
De cara al próximo ejercicio, somos prudencialmente optimistas: si el proceso de estabilización económica continúa y se refuerza la previsibilidad, el país y el ramo cuentan con condiciones para sostener un crecimiento saludable.
Visualizamos una proyección de crecimiento especialmente en obras de infraestructura relacionadas con energía y minería, impulsadas por inversiones estratégicas y necesidades de desarrollo del país. Asimismo, prevemos un mayor dinamismo del sector privado, con proyectos en logística, industria, construcción y servicios, que impulsarán el requerimiento de garantías contractuales.
La principal preocupación se vincula al plano político y a la necesidad de consolidar un rumbo macroeconómico claro y sostenible. Para que el mercado pueda desarrollar plenamente su potencial, es fundamental avanzar con reformas estructurales pendientes —en especial en los ámbitos tributario y laboral— que promuevan la inversión privada y el crecimiento económico.
Un marco regulatorio previsible, estímulos a la inversión y condiciones que favorezcan el financiamiento de proyectos serán determinantes para el crecimiento del ramo y del mercado asegurador en su conjunto.

