La inteligencia artificial nos está permitiendo avanzar hacia modelos de seguros verdaderamente personalizados. Hoy podemos analizar datos de comportamiento y contexto con mucha más precisión, ajustar precios en tiempo real y automatizar procesos que antes eran complejos, desde la
suscripción hasta la atención al cliente. “Este nivel de detalle hace posible que las pólizas se adapten mejor a cada persona y que podamos ofrecer productos más accesibles y flexibles para distintos segmentos del mercado”, sostiene Carlos Cendra, scouting & investment lead en Mapfre.
En el caso de los microseguros, la IA abre la puerta a soluciones más simples, rápidas y eficientes, especialmente útiles para poblaciones desatendidas. La automatización reduce fricción operativa, facilita pagos inmediatos y permite activar coberturas casi al instante. Además, los modelos predictivos ayudan a anticipar riesgos y diseñar productos de bajo costo que siguen siendo sostenibles para la compañía.
La participación de Mapfre en el consorcio Blue Marble es clave dentro de este camino. “Su experiencia en seguros paramétricos y microseguros complementa nuestras capacidades y nos ofrece un marco probado para llegar a nuevos segmentos mediante modelos basados en datos climáticos, agrícolas o de riesgo catastrófico. Esta alianza potencia nuestra estrategia y acelera la adopción de soluciones que ya están demostrando su valor en mercados emergentes”, explica Cendra.
En un contexto donde los ciberataques crecen en frecuencia y sofisticación, proteger los activos digitales es una prioridad crítica para Mapfre. La volatilidad global, las tensiones geopolíticas y la dependencia creciente de infraestructuras digitales hacen que cada incidente tenga un impacto
potencialmente masivo. “Para nosotros, esto implica desarrollar capacidades que permitan evaluar riesgos en constante evolución y ofrecer soluciones que acompañen a nuestros clientes en un entorno digital muy distinto al de hace solo unos años”, opina Cendra.
Hoy ya existen soluciones que cubren la pérdida de activos, pero el verdadero reto está en anticipar nuevos vectores de ataque y diseñar coberturas capaces de adaptarse al ritmo de innovación del ecosistema digital. Esto obliga a las aseguradoras a repensar la suscripción, la peritación y la
evaluación del riesgo desde sus bases.
Además del riesgo puro, los ciberseguros deben ofrecer algo más que indemnizaciones: tienen que integrar servicios de prevención, monitorización, respuesta y recuperación. La demanda de estas soluciones crecerá a medida que tanto empresas como familias dependan más de sus activos
digitales y de su continuidad operativa en la vida diaria. La aparición de nuevas formas de identidad y propiedad digital —desde datos sensibles hasta activos generados por IA— exige una protección mucho más amplia y sofisticada. “Como aseguradora, nuestro desafío es acompañar esta transformación sin dejar de garantizar la resiliencia y la confianza en un entorno cada vez más incierto”, resume Carlos Cendra.

