En septiembre comenzó la campaña gruesa de soja, maíz, girasol y sorgo. La temporada, que marca el pulso del sector agropecuario, arrancó bajo la amenaza del Súper Niño que, según todos los pronósticos, aumentará drásticamente el volumen de precipitaciones en la mayoría de las zonas productivas del país.
Un informe del Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos de la provincia de Buenos Aires indica que existe una probabilidad superior al 90% de que el actual evento evolucione hacia una intensidad “muy fuerte”. La situación se ve agravada por la elevada acumulación de agua que ya existe en los suelos bonaerenses.
La llegada de El Niño es una muestra de la gravedad a la que están escalando los fenómenos climáticos y pone el foco en la importancia de las coberturas agropecuarias. Fabián Pérez, gerente Comercial Interior de Experta Seguros, afirmó que la incorporación de un seguro agrario se convirtió en una decisión determinante para el campo. “Al contratar una póliza de agro, el productor debe considerar al seguro como una herramienta fundamental de gestión de riesgos, ya que ante una contingencia climática le permite mitigar el impacto económico y recuperar las pérdidas sufridas”, explicó.
Pérez advirtió que detrás de cada hectárea sembrada hay capital, tecnología e insumos que el productor necesita proteger y existen múltiples coberturas para administrar los riesgos que pueden afectar el resultado económico de una campaña.
“El costo del seguro agrícola representa una participación marginal dentro del total de los costos de producción y siembra asumidos por el productor, por lo que su relación costo-beneficio resulta altamente favorable”, sostuvo.
Coberturas para cultivos
El gerente comercial explicó que el granizo continúa siendo una de las principales coberturas para los cultivos, aunque la oferta contempla hoy diferentes escenarios, como incendio, heladas, vientos fuertes y planchado, además de alternativas de resiembra. La elección depende, entre otros factores, del cultivo y del momento del ciclo productivo.
La protección puede alcanzar también una instancia posterior a la cosecha: los silobolsas cuentan con alternativas específicas de cobertura, de este modo se amplía la protección en otra etapa de la actividad agrícola. El productor agropecuario evalúa cuánto puede perder ante un evento climático y cuánto representa proteger una inversión que ya realizó.
La tecnología también transformó la manera de contratar y gestionar estas coberturas porque ahora el productor asesor de seguros puede ingresar datos básicos, como referidos al tipo de cultivo, la superficie y la ubicación, y obtener una cotización online en pocos pasos. La digitalización se extiende además a la gestión de los siniestros, con herramientas que agilizan su evaluación y tasación, entre ellas el uso de imágenes satelitales.
Pérez indicó que el aumento de los fenómenos climáticos severos trajo consigo un cambio cultural: la posibilidad de contar con un seguro dejó de pensarse únicamente como una respuesta frente a un siniestro y pasó a formar parte de la planificación y de la estrategia de gestión del riesgo.

